Vía GEA | La advocación de la Virgen del Pilar, por lo singular de su tradición —vinculada a los orígenes del cristianismo en España— y por diversos acontecimientos históricos, ha llegado a adquirir dimensiones españolas e hispánicas marianas de primera magnitud. Sin embargo, esta devoción —desde sus orígenes— ha constituido uno de los principales elementos integrantes no sólo de la religiosidad aragonesa, sino de su propia identidad como pueblo. Y del mismo modo que la esencia aragonesa no puede reducirse a los más destacados y tradicionales rasgos en que a menudo se le identifica (el Pilar, la jota, el Ebro, etc.), tampoco sería posible una aproximación en profundidad a la personalidad de los aragoneses ignorando o infravalorando estos componentes tradicionales.
Y es que el núcleo fundamental de la tradición pilarista consiste en que la Virgen María, desde Jerusalén, donde aún vivía antes de su Asunción, para confortar al Apóstol Santiago el Mayor en sus tareas de evangelización de Hispania, lo visitó milagrosamente en Cesaraugusta a orillas del río Ebro, donde se encontraba con los primeros convertidos. Un hecho por el que, recordando tal acontecimiento, se levantó posteriormente una modesta capilla en honor de Nuestra Señora, venerando su imagen sobre una columna. Aunque, para conocer más detalles sobre este asunto, recomiendo la lectura del fascículo que regalaba ayer, día 11 de octubre, Heraldo de Aragón, titulado “Un espacio para la tradición. Desde la casa romana a la Santa Capilla”, escrito por el Excmo. Sr. D. Domingo J. Buesa Conde, Presidente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.
Así, la historia de la devoción se extiende, al menos de una forma fehaciente y versada, desde la existencia de una antiquísima cofradía dedicada a Santa María la Mayor de Zaragoza, documentada a partir del año 1286 mediante un testamento en forma de carta partida (conservado en el Archivo del Portillo), en el que se hace referencia a esta institución religioso-benéfica, que habría de perdurar hasta el siglo XIX. Esto nos retrotrae si no a los tiempos de dominación musulmana, sí cuando menos a los años del obispo D. Pedro de Librana, a principios del siglo XII, en un momento histórico en el que el fervor cristiano se manifiestaba en Zaragoza de forma bien concreta, con la edificación del templo románico del Salvador y el de Santa María, del que aún se conserva un singular tímpano.
De estos años data la devoción del pueblo zaragozano a su Virgen y a su templo que, popularmente, se llamará de la Virgen del Pilar, aunque oficialmente se titule de Santa María la Mayor. Si bien, no obstante, no sería hasta el 10 de octubre de 1613 cuando el Concejo zaragozano decidiera guardar como festivo el duodécimo día del décimo mes del año, con lo que la fiesta religiosa del 12 de octubre pasó a ser también festividad civil; asimismo, ya en el siglo XVIII, el papa Clemente XII aceptó tal día como fecha para la celebración de la «festividad de la Virgen María Aparecida en Carne Mortal». E igual trascendencia tiene el 27 de mayo de 1642, fecha en que la capital aragonesa proclamó patrona de la ciudad a la Virgen del Pilar, patronazgo que en las Cortes de 1678 se extendió a todo el reino.
Por todo ello, y porque hoy conmemoramos este día tan especial, deseo elevar mi voz para deciros a todos:
¡¡VIVA ZARAGOZA!! ¡¡VIVA ARAGÓN!! ¡¡VIVA LA VIRGEN DEL PILAR!!
Hoy es el día del Pilar, el día en el que los aragoneses celebramos el día de Nuestra Señora del Pilar, esa Virgen que acompaña nuestro caminar diario y que ilumina nuestras esperanzas. Hoy vamos caminando todos, unos por las calles de Zaragoza y otros por el sentimiento a través de las calles del mundo, hacia su casa convertida en Basílica para los cuatro continentes. Y lo hacemos con nuestras limitaciones, con nuestros dolores y nuestras ilusiones. Niños, mayores, todos, vamos caminando hacia ese templo en el que nos encontramos y nos sentimos un pueblo unido, seguro, bendecido por Dios.
Hoy todos nos vestimos con nuestras mejores galas, unos de aragoneses de siempre y otros también de aragoneses de siempre, para explicar al mundo que esta Virgen es algo más que una imagen, que esta Virgen es nuestra razón, nuestra ilusión, nuestra compañera en este camino del día a día… María del Pilar, sobre esa Columna que nos guía día y noche –como dice la inscripción en bronce que está en la plaza- es el eje sobre el que hemos construido Aragón, sobre el que construimos nuestro futuro, sobre el que nos construimos como personas abiertas al mundo, dispuestas a construir el mañana, empeñadas en mejorar el mundo.
Hoy, doce de octubre, fiesta de nuestra Madre, somos más aragoneses que nunca, más universales que nunca, más humanos que nunca. Hoy doce de octubre sabemos que esta tierra cuenta con la “Madona del Pilar”, como le gustaba decir a Machado, y que como decía Luis Buñuel “la Virgen del Pilar, patrona de España, es una de las dos más grandes vírgenes españolas. La otra, por supuesto es la de Guadalupe, que por cierto a mí me parece que es de una categoría muy inferior” a la del Pilar. Ya lo había escrito Goya cuando dijo aquello de que a él, en 1780, en su casa no necesitaba “muchos muebles, pues me parece que con una estampa de Nuestra Señora del Pilar, una mesa, cinco sillas, una sartén, una bota y un tiple y asador y candil todo lo demás es superfluo”.
Hoy, doce de octubre, vamos a entregar las flores de esta tierra a nuestra Madre María del Pilar, y con ellas nuestra oración, nuestras peticiones, nuestras gratitudes, nuestro amor de hijos. Porque, como ya escribieron los hermanos Álvarez Quintero, sólo conseguirás saber lo que es el amor…
“…cuando aprendas a rezar
Felicidades a las que lleváis el nombre de Nuestra Señora, felicidades a los que os sentís aragoneses, felicidades a todos los que estáis empeñados en construir el futuro desde la cercanía y sin ambición, felicidades a los que nos sentimos vinculados a esa Columna que –a través de los siglos- ha mantenido vivo el recuerdo de que María de Nazaret, años antes de su muerte, estuvo en carne mortal en esta ciudad de Zaragoza que se convertiría en la ciudad de María por excelencia. Y que esta felicidad que nos inunda nos lleve al espacio mágico y espiritual del Santo Templo del Pilar, porque como decía el Premio Nobel don Jacinto Benavente “El Pilar de Zaragoza es el símbolo de todos los ideales que son alma de un pueblo”. Por los siglos de los siglos. Amén.
En el Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza, el jueves 25 de febrero de 2010, se ha discutido entre las mociones una presentada por el PAR que planteaba la necesidad de que desde el Ayuntamiento de la ciudad se instase al Gobierno de Aragón la declaración de la Tradición de la Virgen del Pilar como Bien de carácter inmaterial, paso necesario para que así se reconozca a nivel mundial. Y a mí, en nombre del Grupo Popular, me ha tocado el honor de defender nuestro voto de apoyo decidido a este respecto. Y he planteado que así lo consideraba partiendo de tres premisas que paso a detallar.
Entiendo que la devoción pilarista es un valor universal, que hoy es absolutamente indiscutible para aquellos que partan del conocimiento de la realidad y lo hagan desde el sentido común. La Virgen del Pilar ha sido uno de los elementos más notables en la creación de múltiples manifestaciones artísticas a nivel universal. Imágenes, pinturas, poemas, fiestas, edificios… responden en cualquier parte del mundo a la capacidad creadora de la devoción del Pilar. Pero además, esta devoción incluye importantes claves para entender la cultura aragonesa, y es referente de los gestores culturales, en los grandes ámbitos de la creación cultural, desde la pintura de Goya hasta el cine de Buñuel pasando por la creación poética de Antonio Machado.
En segundo lugar, tendiendo claro lo anterior, es conveniente acometer la necesaria adecuación de la realidad a la legislación. Y así es bueno que solicitemos que sea declarada la Tradición pilarista como Bien de Interés Cultural porque cumple los dos requisitos que habla la ley, articulo 12,4, al tratar de estas manifestaciones propias. Por un lado que sea notable el protagonismo de la sociedad en la devoción, cosa que nadie en su sano juicio puede negar, y por otro el impacto social de la devoción que es evidente lo mires por donde lo mires. Por ello, cumple las exigencias de la Ley aragonesa de Patrimonio Cultural de marzo de 1999.
Pero, dicho esto, conviene apostar por lo mejor. Y he dicho, cosa que sostengo con firmeza, que es bueno pedir el reconocimiento de la dimensión universal de la Tradición.
(Sólo admitiré que no se haga cuando se reconozca públicamente que lo hacen porque no quieren que lo aragonés alcance reconocimiento, que no quieren defender lo aragonés, como tal parece derivarse de la explicación del portavoz de CHA que ha llegado a plantear oscuramente que habría que hablar de cuándo se declaró Bien de Interés Cultural a la Basílica. Inaudito, vergonzoso, increíble serían los adjetivos que podrían definir el cuestionamiento de los valores artísticos, culturales e históricos, del templo del Pilar. Sólo desde el absurdo podrían entenderse estos planteamientos, por lo que yo creo que no merecen más comentario.)
Y como decía, es bueno que esta devoción sea objeto de atención desde la Convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, de 17 de octubre de 2003, aprobada en la Conferencia General de la ONU en Paris. Su artículo 2, habla de dos requisitos: el sentimiento de identidad y su interacción con la Historia. Los dos los cumple y por tanto debemos plantearnos el pedir que la Tradición de la Virgen del Pilar, sea declarado Bien Inmaterial de valor universal.
Y todo esto, como pueden ver, sin poner encima de la mesa los inmensos valores religiosos que para muchos de nosotros tiene la Tradición de Nuestra Señora del Pilar y su devoción, pilar fundamental de lo que ha sido, es y será Aragón. Mientras tanto, para todos aquellos que no quieren reconocer lo evidente, para todos aquellos que no tienen el valor de vivir su descreimiento y sus complejos desde el respeto a los demás, quiero recordarles una frase genial de un aragonés ilustre que fue Mariano de Cavia, quien escribía en octubre de 1895, en su primer artículo en “El Imparcial” titulado “El ateo en Misa”, aquella idea rotunda de que “Se ha dicho que el que no cree en Dios cree en el diablo. En Aragón, no. El que no cree en Dios… cree en la Virgen del Pilar”.
El Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza ha aprobado hoy, con los votos del PSOE, PAR y PP, una moción del grupo del Partido Aragonés para instar al Gobierno de Aragón a que instruya el expediente para declarar la tradición a la Virgen del Pilar como Bien de Interés Cultural Inmaterial, lo que supone un respaldo oficial y legal para su declaración como Patrimonio Mundial Inmaterial por parte de la UNESCO.
Por su parte, los grupos municipales de Izquierda Unida (IU) y Chunta Aragonesista (CHA) se han mostrado en contra de esta moción y el portavoz de CHA, Juan Martín, ha solicitado que retirara la moción al apreciar que “no queda bien”, indicando que un partido político “no puede presentar una moción en el sentido que se presenta ésta”.
Así, Martín ha afirmado que hay ciertos símbolos que tienen que estar fuera del debate político y le ha instado a que “no haga de este tema un asunto partidario y que no ponga las siglas del PAR en este tema”. Además, ha dicho que, para ajustarse a la declaración de la UNESCO, tiene que estar en “riesgo de desaparición”.
Mientras, el concejal-Presidente del grupo municipal del Partido Popular, Domingo Buesa, ha entendido que este tema sí se puede tratar en el pleno porque es un tema cultural y ha desglosado tres razones que pasan porque la devoción pilarista es un valor universal por medio del arte, al ser un elemento “clave” para comprender la cultura aragonesa y un referente de los gestores culturales, entre los que ha citado referencias de Goya, Buñuel o los poemas de Antonio Machado.
De esta manera, Buesa ha apostado por adecuar la realidad a la legislación con el protagonismo de la sociedad en la devoción a la Virgen del Pilar y el impacto social que genera porque “a fecha de hoy, nadie se atreve a negar ambos”.
En tercer lugar, ha expresado que “es posible” que esta devoción tenga dimensión universal para entrar en esta consideración de la UNESCO, ya que hay un reconocimiento a la Virgen del Pilar y, además, hay interacción con la historia. Desde el punto de vista legal, “no se pueden poner peros”.
Y, desde el gobierno de la ciudad, el consejero municipal de Educación, Cultura y Grandes Proyectos, Jerónimo Blasco, ha indicado que “desde un no creyente, vamos a votar a favor, porque el patrimonio artístico de la Iglesia es muy relevante”.
De igual manera, Manu Blasco, portavoz del grupo propulsor de la moción, ha explicado que los bienes culturales también son los intangibles y, por tanto, ha dicho que “no entiendo donde esté el debate” y ha abogado “por sacar partido” a una creencia muy extendida. Además, ha apostado por hacer un mayor esfuerzo para vincular el patrimonio religioso al turismo, sentenciado que “Es un tema estratégico para la ciudad en el que todos debemos estar unidos”.
Para finalizar, Blasco ha corregido al portavoz de CHA al precisar que no es necesario que los Bienes de Interés Cultural Inmaterial estén en peligro de desaparición, ya que a este reconocimiento también opta la ‘samba’.