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Tarazona y el seis de abril

5 de abril de 2011     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Pronto se cumplirán los ochocientos años de la conquista de Tarazona por Alfonso el Batallador, en 1119, buscando un paisaje fértil, en el valle del Queiles, intentando controlar la comunicación del valle del Ebro con la Meseta, regiones de economía diferenciada y con una extensa y rica huerta. En suma, intentando gobernar ese emplazamiento defensivo sobre un montículo de materiales terciarios que domina la llanura aluvial del Queiles y que sostiene el paisaje urbano de Tarazona. Concluía en ese momento la vieja historia romana del lugar, construido sobre los restos de un primitivo núcleo celtibérico formado —según Manrique— no lejos de la fuente que nace cerca del paseo de San Juan, junto a la antigua muralla. Pero, esta rica y estratégica ciudad romana, se amplió en el medievo con una potente muralla y con un plano perfectamente organizado que recordaba el cardo romano con la calle de San Atilano y el decumano discurriendo por las angostas de San Bernardo y San Atilano…, mientras el punto fuerte de la ciudad, donde residía la autoridad militar, era el actual palacio episcopal. Se construye a mediados del siglo XII la catedral nueva al otro lado del río, la misma catedral que en estos días está viviendo el final de su noche de los tiempos y parece que va a inaugurarse después de tropecientos años en obras…


“Don Paco”, recordando al gran actor aragonés…

19 de diciembre de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“Un buen vino es como un buen film: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador” (Federico Fellini)

Francisco Martínez Soria, o “Don Paco” –como a él le gustaba que le llamaran–, nació en el seno de una familia humilde, tal día como ayer hace 108 años, el 18 de diciembre de 1902, en la calle Garnacha (hoy de doña Valeriana Irazoqui) de la localidad zaragozana de Tarazona; y fue bautizado, dos días después, en la capilla de San Andrés de la Seo. No obstante, siendo muy joven aún, su familia se trasladó a Barcelona, donde comenzó sus estudios y, tras ellos, su trabajo como dependiente y, más tarde, como comercial.

“Don Paco” fue un actor vocacional por excelencia, y empezó sus actividades en la escena en el colegio y, posteriormente, en teatros universitarios. Años después, se convirtió en una destacada figura en el teatro de aficionados de Barcelona y, ya en 1938, pasó al campo profesional, contratado como actor cómico, en la compañía Rafael López Somoza.

Pero, tan sólo dos años más tarde, formó su propia compañía, la cual desarrolló una actividad continua durante muchos años. En la siguiente década (1950) adquirió, como copropietario, el Teatro Talía de la ciudad condal, aunque sólo tardó un lustro en conseguir la propiedad total de dicho teatro y, pocos años después, vio cumplido su gran sueño: derribar «la vieja barraca» y levantar en su lugar el cómodo y moderno teatro que hoy disfrutan los barceloneses.

Sin duda, fue un actor carismático, de celebrada comicidad y comediante de una pieza, pero sus inicios cinematográficos estuvieron repletos de titubeos y de indecisiones. Así, su primera aparición en la pantalla fue en un film menor, titulado ‘Error judicial’ y realizada en 1935 por Juan Faidella, que le sirvió para descubrir un mundo distinto y misterioso, que se parecía bastante al teatro pero, sin embargo, era distinto. Y, como buen aragonés, peldaño a peldaño, fue escalando el justo puesto que merecía, aunque el teatro nos privó de él hasta el año 1965, de la mano de Pedro Lazaga, con quien grabó uno de sus mayores éxitos: ‘La ciudad no es para mí’.

Su capacidad para los más diversos personajes y caracteres estaba fuera de toda duda, como su popular representación del personaje rústico que mira, con ojos asombrados, un mundo que parece despegarse del que soñaba desde su rusticidad entre ingenua y sabia. Por ello, los caracteres creados por Paco Martínez Soria captaron inmediatamente a un público cautivado por la sugestión de un tipo que, desde el escenario, le ofrecía un ente vivo y emocionante.

Entre sus éxitos más notables se cuentan los creados en las piezas teatrales ‘El abuelo Curro’, ‘Mi cocinera’, ‘El sosiego’, ‘La tía de Carlos’, ‘La locura de don Juan’, ‘Bonaparte quiere vivir tranquilo’, ‘De profesión, soltero’ o, entre muchas otras, la anteriormente mencionada ‘La ciudad no es para mí’, cuya actuación motivó la concesión de la Placa de San Juan Bosco por votación popular, en 1966, y con la cual, gracias a un vídeo que he encontrado en YouTube, quiero concluir este artículo:

Bibliografía: Ramos, Dionisio: Paco Martínez Soria, su vida y sus éxitos; Guara Editorial, Zaragoza, 1978 (vía GEA).


Recordando a Paco Martínez Soria

19 de diciembre de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

Francisco Martínez Soria, o “Don Paco” –como a él le gustaba que le llamaran–, nació en el seno de una familia humilde, tal día como ayer hace 108 años, el 18 de diciembre de 1902, en la calle Garnacha (hoy de doña Valeriana Irazoqui) de la localidad zaragozana de Tarazona; y fue bautizado, dos días después, en la capilla de San Andrés de la Seo. No obstante, siendo muy joven aún, su familia se trasladó a Barcelona, donde comenzó sus estudios y, tras ellos, su trabajo como dependiente y, más tarde, como comercial.

“Don Paco” fue un actor vocacional por excelencia, y empezó sus actividades en la escena en el colegio y, posteriormente, en teatros universitarios. Años después, se convirtió en una destacada figura en el teatro de aficionados de Barcelona y, ya en 1938, pasó al campo profesional, contratado como actor cómico, en la compañía Rafael López Somoza.

Pero, tan sólo dos años más tarde, formó su propia compañía, la cual desarrolló una actividad continua durante muchos años. En la siguiente década (1950) adquirió, como copropietario, el Teatro Talía de la ciudad condal, aunque sólo tardó un lustro en conseguir la propiedad total de dicho teatro y, pocos años después, vio cumplido su gran sueño: derribar «la vieja barraca» y levantar en su lugar el cómodo y moderno teatro que hoy disfrutan los barceloneses.

Sin duda, fue un actor carismático, de celebrada comicidad y comediante de una pieza, pero sus inicios cinematográficos estuvieron repletos de titubeos y de indecisiones. Así, su primera aparición en la pantalla fue en un film menor, titulado ‘Error judicial’ y realizada en 1935 por Juan Faidella, que le sirvió para descubrir un mundo distinto y misterioso, que se parecía bastante al teatro pero, sin embargo, era distinto. Y, como buen aragonés, peldaño a peldaño, fue escalando el justo puesto que merecía, aunque el teatro nos privó de él hasta el año 1965, de la mano de Pedro Lazaga, con quien grabó uno de sus mayores éxitos: ‘La ciudad no es para mí’.

Su capacidad para los más diversos personajes y caracteres estaba fuera de toda duda, como su popular representación del personaje rústico que mira, con ojos asombrados, un mundo que parece despegarse del que soñaba desde su rusticidad entre ingenua y sabia. Por ello, los caracteres creados por Paco Martínez Soria captaron inmediatamente a un público cautivado por la sugestión de un tipo que, desde el escenario, le ofrecía un ente vivo y emocionante.

Entre sus éxitos más notables se cuentan los creados en las piezas teatrales ‘El abuelo Curro’, ‘Mi cocinera’, ‘El sosiego’, ‘La tía de Carlos’, ‘La locura de don Juan’, ‘Bonaparte quiere vivir tranquilo’, ‘De profesión, soltero’ o, entre muchas otras, la anteriormente mencionada ‘La ciudad no es para mí’, cuya actuación motivó la concesión de la Placa de San Juan Bosco por votación popular, en 1966.


¿Qué une a Luis Galve, Raquel Meller y Fernando II?

10 de marzo de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“Es muy grave el olvido de la historia o su deformación, porque la realidad siempre se venga del que no cuenta con ella” (Julián Marías)

Hoy es un día muy importante para la provincia de Zaragoza y, por ende, para todo Aragón ya que, tal día como hoy, nacieron Fernando II ‘el Católico’ (1452), Raquel Meller (1888) y Luis Galve (1908) en Sos, Tarazona y Zaragoza, respectivamente. Tres personajes esenciales, cada cual en su faceta profesional, que engrandecieron la imagen histórica de la actualmente denominada como Comunidad Autónoma aragonesa.

Por ello, quiero homenajearles –a través de este artículo– recordando, de manera muy breve, su vida y logros para su persona y, claro está, para orgullo de todos los aragoneses:

FERNANDO II ‘EL CATÓLICO’ (1452-1516)

Hijo de Juan II ‘el Grande’ y de su segunda esposa, Juana Enríquez, nació –por deseo de su madre– en territorio aragonés. Reconocido heredero de la corona aragonesa a la muerte de su medio hermano, Carlos, príncipe de Viana (1461), fue coronado como rey de Aragón en Calatayud, nombrado lugarteniente general de Cataluña (1462) y, en 1468, rey de Sicilia. Ya a la edad de dieciséis años, tuvo amores con una dama llamada Luisa de Estrada, de la que nació su primer hijo, Alfonso de Aragón, el cual llegaría a ser arzobispo de Zaragoza.

Al morir su primo, el infante Alfonso de Castilla (1468), y ser reconocida la infanta Isabel, su prima y medio hermana de Enrique IV de Castilla, como heredera de Castilla, su padre Juan II puso su empeño en conseguir el matrimonio de Fernando con la princesa castellana, que se produjo en octubre de 1469, en Valladolid. Fernando, tras arduas discusiones con la recelosa nobleza castellana, consiguió ser proclamado corregente de Castilla con los mismos derechos que Isabel mediante la Concordia de Segovia (1475).

Además de rey de Aragón (1479-1516), de Castilla (1474-1504) y de Sicilia (1468-1516), también fue rey de Nápoles (1504-1516) y regente de la corona castellana (1507-1516), debido a la enfermedad de su hija Juana, tras la muerte de Felipe el Hermoso.

RAQUEL MELLER (1888-1962)

Su verdadero nombre es Francisca Marqués López. En su pueblo natal, sus padres eran comerciantes modestos y, para aliviar la carga que suponía la educación de la pequeña Francisca, unos amigos costearon sus estudios, para lo que hubo de trasladarse a Tudela. Pero, por desavenencias con una tía suya, superiora de un convento de Montpellier (Francia), se trasladó a Barcelona, donde hizo amistad con una parroquiana, Marta Oliver, artista de variedades muy popular en aquellos años y, por su consejo, aprendió algunas canciones. Gracias a las gestiones e influencia de la Oliver, apareció por primera vez en un escenario ante el público, en febrero de 1907, en el pequeño salón ‘La Gran Peña’, utilizando ya el pseudónimo que la haría famosa. Al poco tiempo, debutó en el ‘Salón Madrid’, de la capital de España. Poco a poco fue depurando su repertorio y cambió el género atrevido de sus primeras apariciones por el que sería definitivamente el triunfo.

Así, a partir de su aparición en el teatro Arnau (Barcelona), congrega en la mugrienta sala a lo más selecto de la sociedad barcelonesa, consiguiendo hacer famosos los estribillos de sus cuplés picarescos y/o sentimentales. Hasta entonces no se cantaban couplets más que en los music-halls de baja estofa pero, al pasar Raquel a la lujosa Sala Imperio, de la Ciudad Condal, consiguió atraer a las mujeres bien, que se deleitaban con sus canciones, acompañadas de sus maridos.

LUIS GALVE (1908-1995)

Inició en su infancia los estudios musicales con la profesora Guadalupe Martínez, comenzando a interpretar con soltura a los cinco años y actuando en conciertos benéficos. Por consejo de Arthur Rubinstein, se traslada a la Residencia de Estudiantes de Madrid, ciudad en cuyo Conservatorio perfecciona estudios, tutelado por José Balsa, hasta los doce años, trasladándose a continuación a París. Allí sigue las enseñanzas del profesor Isidor Philipp, que en 1929 lo presenta en un concierto en la Sala Erard, que lo consagra como un gran pianista. Su sensibilidad y elegancia interpretativa tuvo una especial significación en autores como Scarlatti, Haydn y Mozart, o en los clavecinistas franceses. Por eso, se recuerdan sus magistrales creaciones junto a la Orquesta de Cámara de Berlín, que dirigía Hans von Benda.

A lo largo de su trayectoria musical, recibió las siguientes distinciones: Premio Nacional de Piano (1945), Condecoración de Alfonso X El Sabio (1945), calle en Zaragoza (1964), Homenaje de la Sociedad Filarmónica de Zaragoza (1990), Premio Aragón de las Artes (1990), Premio Nacional de Música del Ministerio (1993), Medalla de Oro de la Fundación Isaac Albéniz (1994) y Homenaje de la ciudad de Zaragoza con una placa en la casa donde nació en la calle Cádiz (1995). Asimismo, es Hijo Predilecto de Zaragoza, Académico de Número de San Luis y Medalla de Oro de Zaragoza, mientras que la sala de conciertos de cámara del nuevo Auditorio-Palacio de Congresos de Zaragoza lleva su nombre.