Artículos etiquetados en Santa Engracia

San Lamberto, el santo con la cabeza en las manos

10 de junio de 2011     Publicado por Domingo Buesa Conde    

San Lamberto era un labrador, al que un pagano decapitó por no querer abjurar de su fe cristiana. Cuenta la historia que, en ese momento, el labrador zaragozano cogió su cabeza en las manos y marchó andando hasta morir en la iglesia de Santa Engracia de Zaragoza. Su devoción, costatada en los finales del medievo zaragozano, se potenció con ocasión de la estancia en Zaragoza del papa Adriano VI en 1522, recibiendo la noticia de haber sido elegido papa cuando estaba en la capital aragonesa.

Pero, la cuestión es que me pregunta mi amiga Francha, desde el Barrio de San Pablo de Zaragoza, cuál fue la causa de que decayera esta devoción y sólo se me ocurre recordar que los franceses causaron destrozos y daños en las reliquias en el verano de 1808 y que estio fue perjudicial. No obstante, en Miralbueno todavía desfila la cofradía de San Lamberto como testimonio de esa devoción que se le tiene en los campos y huertas de Zaragoza, en los pocos que van resistiendo la especulación más brutal.


El Corpus en la Zaragoza de 1521

7 de junio de 2011     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Cuando comenzamos la andadura del mes de junio, es bueno que hagamos un alto y recordemos la presencia del rey Carlos I de España y V de Alemania en la Zaragoza de 1518. Una presencia que tenía como finalidad asistir a la procesión del Corpus Christi en la ciudad de Zaragoza, es más, participar en ella llevando la primera vara del palio que cubría la custodia procesional que llevaba la Eucaristía. La llegada de Carlos I, que sólo llevaba en España tres años, tiene mucho sentido puesto que lo hace para participar en una de las fiestas más importantes de la capital aragonesa –la procesión del Corpus- donde incluso asistían los regidores de la ciudad portando las cabezas de los santos que iban a buscar a los monasterios de la ciudad, como Santa Engracia, llevándolas a La Seo. Mientras salía la procesión el mayordomo de la ciudad entregaba a todas las autoridades las velas con las que acompañaban la Custodia…

Y, además, es necesario que lo recordemos, puesto que eso mismo es lo que se ha reconstruido en una de las salas del nuevo Museo Diocesano de Zaragoza, en el que podemos ver la procesión del Corpus, incluso oyendo la marcha que se compuso para aquella ocasión, la música que acompañó a Carlos I en la procesión del Corpus de 1521. La ciudad festejaba por todo lo alto la gran fiesta del Corpus que protagonizaba su ayuntamiento, hasta que en 1711 los nuevos reyes Borbones decidieron venir ellos a presidir la procesión prohibiendo a los munícipes zaragozanos su asistencia.


El valor del espacio de Santa Engracia

14 de marzo de 2011     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Ciertamente, cuando en este mes se cumplen 129 años de la declaración del templo como Monumento Nacional, conviene recordar la importancia de este enclave que sigue dándonos importantes sorpresas en las campañas de excavación. Recuerdo el momento en el que pudimos ver los últimos hallazgos de la excavación del doctor Mostalac, cuando encontrí el pavimento del templo original del siglo IV y el baptisterio de este templo. En aquella, Antonio Mostalac explicaba la importancia de los últimos descubrimientos porque han permitido establecer la cronología de los 1.700 años de historia de la basílica y cerrar así las investigaciones comenzadas hace 32 años. A la visita asistíamos Pilar Alcober, Manuel Blasco, Carmen Galindo y yo, concejales, y el arzobispo de Zaragoza don Manuel Ureña.


La basílica de Santa Engracia

14 de marzo de 2011     Publicado por Domingo Buesa Conde    

El 4 de marzo de 1882 fue declarado el templo de Santa Engracia de Zaragoza Monumento Nacional, reconociendo su historia y su significado a la hora de recuperar ese momento martirial que sufrió la ciudad de Caesar Augusta en los siglos III y IV de nuestra era. El poeta Aurelio Clemente en el himno IV de su Peristephanon, alude a dieciocho víctimas inmoladas, reducida cifra que antiguas y piadosas tradiciones elevan a unas diecisiete mil y por ello pasaron a ser conocidos comos “los Innumerables mártires”. En lo que respecta a la historia del edificio, saber que sobre el templo paleocristiano se edificó el gótico, por el mecenazgo de Juan II y su hijo Fernando el Católico, y después de volarlo los franceses en los Sitios de Zaragoza se edificó el nuevo templo basilical que conserva la vieja portada renacentista de Gil Morlanes.


Santa Engracia cumple 128 años como Monumento Nacional

4 de marzo de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

Vía GEA | La historia del monasterio zaragozano de Santa Engracia está estrechamente relacionada con los momentos culminantes del pasado de la ciudad y hasta con la expansión de su recinto urbano hacia el río Huerva y por los actuales barrios de Torrero y de la Romareda. Sus orígenes se identifican con los primeros tiempos del Cristianismo, pues están estrechamente vinculados a la piadosa tradición de los innumerables Mártires causados por la persecución decretada por Diocleciano en el año 304, y ejecutada por el dudoso personaje histórico del gobernador Daciano, cuyas víctimas cristianas, entre las que figuraba Santa Engracia, fueron sepultadas o, al menos, sus restos en la zona extramuros de la ciudad, en el lugar en el que actualmente se encuentra la iglesia que hoy me ocupa ya que, tal día como hoy, en 1882, fue declarada Monumento Nacional.

El testimonio más preclaro de este primitivo martirio es el de los versos de Aurelio Prudencio Clemente en el himno IV de su Peristephanon, aunque alude solamente a dieciocho víctimas inmoladas, reducida cifra que antiguas y piadosas tradiciones elevan a unas diecisiete mil y, por ello, denominada como “Innumerables”.

Así, este pozo martirial dio lugar al alzamiento de un templo cristiano llamado monasterio de las Santas Masas o Santa María de las Santas Masas, que en la era constantiniana, más concretamente en los tiempos de los godos, se consolidó como tal. Parece ser que a su cuidado estuvo en la primera época de la Edad Media una comunidad benedictina. En los años visigodos, según el testimonio histórico de Zurita y Blancas, sus muros y celdas fueron testigos de la actividad cristiana de los obispos zaragozanos Juan y Máximo y aún de las producciones de San Braulio, pues consta que en el siglo VIII de nuestra era, el templo era conocido como basílica de los Dieciocho Mártires.

Durante la dominación musulmana, persiste como iglesia cristiana y, antes de la reconquista de Zaragoza, se menciona al obispo cesaraugustano Paterno, que en 1063 transfiere, en el concilio de Jaca, el monasterio de Santa Engracia a la jurisdicción de la sede de Huesca, situación original que ha persistido hasta la época contemporánea y que ha dado lugar a un prolongado litigio entre las diócesis cesaraugustana y oscense, cuidadosamente estudiado en su tesis doctoral publicada por la Institución “Fernando el Católico” en 1948 por el zaragozano Miguel Montserrat Gámiz. Sin embargo, la trascendental importancia del edificio del monasterio de Santa Engracia cobra su interés máximo en el tránsito de los días del medievo a las primeras épocas moderno-renacentistas. Si ya en el siglo XV fue notable la actividad reconstructora del arzobispo zaragozano Dalmau de Mur, a fines de dicha centuria sería el gran monarca Juan II de Aragón quien promovió su nueva edificación como promesa de gratitud a la intervención sobrenatural de Santa Engracia en la curación de su casi ceguera, que había sentido aliviarse cuando posó sus ojos, enfermos de cataratas, junto al clavo del martirio de la Santa.

No obstante, dificultades económicas le impidieron hacer efectiva su promesa, allá por 1468, y transfirió a su hijo y sucesor, Fernando II el Católico, el cumplimiento de la misma, quien así lo hizo a comienzos del siglo XVI y el monasterio de Santa Engracia iba a ser espejo y modelo nacional de la mejor arquitectura plateresca. Su fina y espléndida portada, trazada por los Gil Morlanes, padre e hijo, sería el testimonio que afortunadamente ha llegado a nuestros días de la calidad excelsa de un arte que se enriquecía asimismo por el soberbio claustro gótico-mudéjar que levantó fray Martín Vasa con las soberbias esculturas de Alonso de Berruguete y con su ricamente dotada biblioteca, en la que trabajó el insigne Jerónimo Zurita y tantas y tantas obras que convirtieron a este templo prolongado y mantenido por los productos de la notoria huerta de Santa Engracia en una de las glorias del fecundo y brillante Renacimiento espańol.

De esta manera, por Real Orden del ańo 1882, el Monasterio de Santa Engracia se declaró Monumento Nacional, lo cual posibilitó que el 3 de noviembre de 1891 se colocara la primera piedra por D. Vicente Alda, por entonces obispo de Huesca. Se inauguró el 16 de abril de 1899, tras ser dirigida la reedificación por los arquitectos Ricardo Magdalena y Julio Bravo, mientras que la fachada plateresca fue restaurada por el escultor Carlos Palao. El techo del crucero fue restaurado por el pintor Joaquín Pallarés, y los escultores Eusebio Arnau y Juan Llimona son autores de las estatuas de San Lorenzo, San Agustín, San Vicente Mártir, San Jerónimo, San Pedro Nolasco, San Vicente Mártir y San José de Calasanz.

Ya en el siglo XX, en 1956, el templo se integró a la Archidiócesis de Zaragoza, iniciándose una serie de obras para modernizarlo, sobre todo, tras la llegada de Mariano Mainar como párroco. Mientras, en los años ochenta se recupera la capilla de las Santas Masas y, en 1991, año en el que el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española concede el Nihil Obstat y el Visto Bueno de la Conferencia Episcopal para que el templo de Santa Engracia sea declarado Basílica Menor, el arquitecto Heliodoro Dols y Fernando Torra Puigdellivol fueron los encargados de restaurar la fachada y su portada, que se inauguraron en 1993. Años más tarde, en 1998, Heliodoro Dols amplió la iglesia en su fachada trasera, respetándose el edificio original, pero con conceptos actuales.

Bibliografía: Laguéns Moliner, Manuel: “Notas sobre la historia de la Parroquia y Monasterio de Santa Engracia, años 1737-1920″ (Zaragoza, 1999). Índices de M.I. Yagüe Ferrer.