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San Jorge

23 de abril de 2012     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Hace dos años publicaba en mi querido “Diario del Alto Aragón”, en el que volveré a escribir después de unos meses de abandono por causa de mi enfermedad, un artículo en el extraordinario del día de San Jorge. Hoy continúa teniendo vigencia y quiero recordarlo justamente en el mismo día en el que los aragoneses celebramos su fiesta, en el día en el que recuperamos importantes parcelas de nuestra historia en las que nuestros antepasados quisieron ver actuar la mano divina a través de san Jorge, de ese brillante soldado que les ayudó en tantas batallas desde la conquista de Huesca en el siglo XI hasta la de Valencia en el siglo XIII. Así que sin más preámbulos aquí tenéis aquella reflexión:
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Los orígenes de la Real Maestranza de Caballería…

25 de octubre de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“No sabemos rendirnos y nuestras carnes sólo se cubren de gloria” (José de Palafox y Melci)

Tal día como hoy, hace 191 años, fue constituida la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, una institución nobiliaria que ha tenido diversas funciones en la ciudad de Zaragoza, a petición de la Cofradía de Caballeros Aragoneses de San Jorge, de la que se tiene por sucesora y cuyas ordenaciones para su creación fueron confirmadas el 24 de mayo de 1505 por el rey Fernando II de Aragón, cuyos orígenes se remontan a durante o después de la conquista cristiana de Zaragoza en 1118, cuando algunos caballeros de la aristocracia, siguiendo corrientes caballerescas que imperaban en la Europa de aquellos años, pasaron a llamarse entre sí Caballeros de San Jorge, por la advocación a San Jorge entre los caballeros de la época, y que formaría más tarde un capítulo nobiliario, el Capitol de Caballeros e Infançones de la Ciudat de Çaragoça, que pretendía defender los privilegios de los nobles frente la burguesía de las ciudades que lentamente iba ganado derechos y privilegios.

Así, la Cofradía, que reunía los individuos de los tres estados de la nobleza del reino de Aragón bajo la dirección de tres clavarios, entre los que alternaba anualmente la presidencia, ejercitaban actos de piedad y organizaban Justas en las que debían participar los cofrades hasta cumplir los cuarenta y cinco años. Y, bajo su bandera propia de tafetán blanco con la efigie de San Jorge, sus miembros asumieron una participación activa en la Guerra de la Independencia Española y los Sitios de Zaragoza, destacando al general José Rebolledo de Palafox y Melci, hijo de los marqueses de Lazán y cuyos ascendientes habían formado parte de la Cofradía durante generaciones, quien empleó a Caballeros Infanzones del Reino para crear, el 24 de diciembre de 1808, el Cuerpo de Caballería de los Almogávares para la defensa de la ciudad.

Pero la actual Real Maestranza, pese a tener los mencionados orígenes en el siglo XII, no inició su vida oficial hasta el 25 de octubre de 1819, siendo promovida por el rey Fernando VII de España, IV de Aragón, y aprobándose sus ordenanzas en 1824, teniendo adquiridos los derechos reales antiguos de la Cofradía de Caballeros Aragoneses de San Jorge. De esta manera, el rey Fernando VII elevó la Cofradía al rango de Maestranza en agradecimiento a su actuación durante los Sitios de la ciudad, siendo la última, aunque la de origen más antiguo, que se ha creado de entre las cinco maestranzas de caballería existentes a día de hoy: Ronda (creada en 1572), Sevilla (1670), Granada (1686) y Valencia (1690).

La sede de la Real Maestranza, tras la destrucción del Palacio de la Diputación del Reino, se situó en la iglesia de Santa Isabel de Portugal, el Salón Consistorial, el Palacio de la Aduana y el Palacio de los Marqueses de Ayerbe hasta que, en 1835, se fijó definitivamente en la Casa de Miguel Donlope, que compraron el 24 de junio de 1912 a la familia Jordán de Urriés, cuatro años después de la aprobación de su actual reglamento, en el que se contemplan pruebas para el ingreso de nuevos maestrantes, con la exigencia de llevar los cuatro primeros apellidos nobles e hidalgos y carecer de antepasados que hayan ejercido oficios viles ni mecánicos ni tienda abierta, y debiendo poseer una renta mínima anual.

Esta noble institución, que también se dedica a la promoción de la ciudad de Zaragoza, tiene permiso concedido por armas (leer informe de solicitud en pdf), mediante Real Decreto de Alfonso XIII fechado el 14 de diciembre de 1908, para utilizar la cruz de Íñigo Arista, una cruz griega con pernio de plata en campo azur, y como venera un rombo azul con una cruz blanca pendiente de cinta azul.


San Jorge, el defensor de Aragón…

23 de abril de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Artículo que he publicado hoy en el Extraordinario del Día de San Jorge en el “Diario del Alto Aragón”

He escrito muchas veces sobre la historia de este santo tan aragonés como universal, que no me encuentro con ganas de hacerlo sólo para reiterarles una relación de noticias que hablan de cómo este soldado de Capadocia se ha convertido en un referente de esta tierra que se llama Aragón. Pero, sin embargo, nos obliga a retomar el asunto la lealtad que debemos los aragoneses a nuestra historia. Porque, hoy, nos invitan a recordar estas noticias documentadas episodios que nos ha tocado vivir con la historia de unas obras de arte que no nos quieren devolver, contra el mismo derecho que sus captores alegaron, o con las patéticas reflexiones de un consejero catalán sobre el pobre Pedro III de Aragón, que ahora no sabemos si se refiere a Pedro II en la obediencia de la Generalitat o acaso Pedro I en la obediencia de El Palmar.

Bromas aparte, está claro que estamos en tiempos de comprometerse con la defensa de lo nuestro, de comprometerse con este proyecto común que tiene un nombre que hunde sus raíces en el siglo IX desde el nacimiento del condado; que se presenta como uno de los estados vertebradores de la Europa del románico –en el siglo XI- desde el Reino de Aragón; y que se proyecta al mundo con la Corona de Aragón, un proyecto de consenso construido por los reyes aragoneses nacidos en el entorno de la Huesca del siglo XII. Es, como vemos, un largo recorrido que está plena y solidamente documentado, aunque no faltan versiones partidistas hechas por sicarios al servicio del poder, como aquel archivero catalán que se inventó lo de la Corona catalanoaragonesa para tener la relevancia que no le dieron sus investigaciones.

Y para seguir afirmando la necesidad actual de defender lo aragonés, es bueno que nos fijemos en la mítica estela de san Jorge en la página oficial de la Generalitat de Cataluña. En ella se le vincula sólo a Capadocia, silenciando todas las referencias históricas aragonesas salvo anotar que las cortes catalanas lo declararon “patrón de Cataluña”, para concluir diciendo que se celebra en otras partes del mundo, excluido Aragón. Una vez más, nos enfrentamos a la tragedia de aquellos que necesitan estar construyendo su historia desde la mentira, porque en el fondo padecen un evidente complejo de inferioridad, tal como decía el profesor Antonio Ubieto. Mentiras a real el kilo, porque este santo, en la página dedicada a las tradiciones catalanas, está vinculado a la comarca del Ripollés, donde tienen el atrevimiento de decir que se inicia su culto en el siglo X, para ir después a estar en la conquista de Baleares y en la de Barcelona… Para concluir diciendo “años más tarde su culto llegó a los limites del Aragón”. Para estos autores catalanes, el problema es quizás que san Jorge no les llamó al móvil cuando estuvo en Huesca y no se enteraron.

No obstante, dicen los libros que su historia arrancaba en los campos de Alcoraz, en plena conquista de Huesca el año 1096, cuando apareció “con armas blancas y resplandecientes” en ayuda de las tropas aragonesas del rey Pedro I. Era el comienzo de una larga convivencia, de múltiples encuentros siempre que Aragón lo necesitara, como ocurrió cuando Pedro IV inicia la marcha contra Castilla y ordena a sus soldados que portasen “señeras con la señal de san Jorge”. Y, al final, fue convertido en Patrón del reino por decisión de Juan II, en pleno siglo XV.

Son tres datos para constatar que este soldado romano, convertido al cristianismo, se había convertido en el gran protector de la Corona de Aragón y que todos los estados que estaban gobernados por el rey de la Casa de Aragón –el condado catalán, el reino de Valencia, el reino de Mallorca, o el propio reino de Aragón que daba título y nombre a la Corona- lo consideraban así. Y lo festejaban en el día de su muerte, el 23 de abril al mediodía, a la hora sexta como decían las viejas crónicas, por todo lo alto. Un día que, por si tenía pocos patronazgos, acabaría convirtiéndolo en compañero de escritores y editores.

Y es que san Jorge, el señor san Jorge, Patrón de Aragón, convive con el libro porque su día se declaró por la Unesco como Día Internacional del Libro y de los Derechos de Autor, en 1995, después de que Miguel de Cervantes y William Shakespeare tuvieran el acierto de morir el 23 de abril, fecha que un real decreto de Alfonso XIII convirtió en el día de la Fiesta del Libro Español a propuesta de un escritor valenciano, del republicano Vicente Clavel Andrés. La relación de celebrar san Jorge con un libro, compañero de la rosa o del zaragozano y dulce Lanzón, enriquece la fiesta y permite que su feria sea también una manifestación de la conveniencia de conocer lo nuestro, de leer, de estar informados para poder argumentar y tener criterio.

Pero, si su proyección saltaba al mundo de las letras, san Jorge fue apeado por el papa Pablo VI que consideró, cuando se hizo revisión de los datos que sustentaban a cada uno de los santos, que había que eliminarlo del santoral de la Iglesia Católica, dejando su culto algo así como opcional. Se abría una nueva etapa que se caracterizó por no haber ningún cambio. La devoción popular no decayó y sus valores como elemento protector de los pueblos o como símbolo de la lucha contra la tiranía, que en el medievo representó el dragón que derrotó, siguieron igual o creciendo. Nada ha cambiado en Inglaterra, donde Eduardo III lo proclamó patrón de la nación en 1344. Nada ha cambiado en Rusia donde es celebrado como Patrón de ese territorio por la Iglesia Ortodoxa, por cierto el 3 de noviembre. Y nada ha cambiado en la espiritualidad, con halo de misterio, que se vive en la iglesia templaria rupestre de Bet Giyorgis, en Etiopia, dedicada a este santo y en la que creen se custodia el Arca de la Alianza que recorrió el desierto con el pueblo elegido.

Por eso, aquí tenemos la tarea de lograr que la historia no cambie, que se respete lo que sabemos y que se vaya incrementando esos saberes con la investigación científica no con el quehacer ilegitimo de los servidores del poder. E incluso el problema será valorar si aquí ha cambiado algo, si ese descalabro pontificio a la figura del patrón de Aragón ha supuesto un deterioro de san Jorge como referente. O acaso, si el cambio viene desde otros horizontes…


¡Feliz día de San Jorge! ¡Feliz día de Aragón!

23 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“La adversidad no puede con el hombre valiente” (Lucio Anneo Séneca)

Hoy es un día especial para los aragoneses, puesto que celebramos la festividad de San Jorge, al igual que el Día de Aragón como todos los 23 de abril desde 1.461, año en que fue declarado como festivo para todo el reino, por medio de las Cortes que se oficiaban en la localidad zaragozana de Calatayud, siendo el texto –con el cual acordaron los diputados dicha festividad– el siguiente: “E assimesmo ordenamos que la fiesta del glorioso Martyr Señor Sant Jorge, que caye a XXIII dias de Abril, sia en el dito Regno inviolable é perpetuamente guardada, observada, e celebrada solemnement, bien assi como los dias del Domingo é otras fiestas mandadas guardar”.

Cuenta la leyenda que la figura de San Jorge, pese a que muchos investigadores eclesiásticos hayan demostrado que nunca existió, es la de un soldado que nació en las tierras turcas de Capadocia, que mató a un dragón en tierras Libias que atacaba a diestro y siniestro al reino de un pueblo que decidió que, para evitar los ataques, entregarían a una persona cada día para ser devorada por el dragón y así evitar daños mayores. Así, cada día se hacía un sorteo y se enviaba a dicha persona a la cueva del dragón. Un día del sorteo salió el nombre de la princesa, la cual fue voluntariamente, aunque muchos se ofrecieron en su lugar. Fue caminando hasta la guarida del dragón y, cuando éste la iba a devorar, apareció San Jorge, quien mató al dragón clavándole la espada en el corazón, de cuya sangre que fluyó nació una rosa, y la rescató.

Y, pese a esas investigaciones que niegan su existencia, es necesario recordar que dichas leyendas vinculan a San Jorge con la batalla de Alcoraz, que tuvo lugar en las cercanías de Huesca en el año 1.096, en la que el ejército aragonés asediaba la ciudad, dirigido por el rey Sancho Ramírez, desde el campamento establecido en el cerro. Esa batalla, que permitió la conquista de Huesca, quedó trabada cuando llegaron las tropas musulmanas desde Zaragoza, perdiendo la vida el rey, pero, con la llegada de San Jorge sobre un corcel blanco y con una cruz roja en su escudo –esa cruz que aparece en el escudo histórico de Aragón–, los cristianos ganaron aquella batalla, tras la que se rindió la ciudad al rey Pedro I.

Así lo escribió Diego de Aínsa en “La batalla de Alcoraz” (1.619): “…invocando al Rey el auxilio de Dios nuestro señor, apareció el glorioso cavallero y martir S. George, con armas blancas y resplandecientes, en un muy poderosos cavallo enjaeçado con paramentos plateados, con un cavallero en las ancas, y ambos a dos con Cruces rojas en los pechos y escudos, divisa de todos los que en aquel tiempo defendían y conquistavan la tierra Santa, que aora es la Cruz y habito de los cavalleros de Montesa.

Y haziendo la señal al cavallero que se apeasse, començaron a combatir ambos a dos tan fuerte y denodadamente contra los Moros, dandoles tan mortales golpes, el uno a pie, y el otro a cavallo: que abriendo carrera por do quiera que yuan, recogían y acaudillavan los Christianos. El cavallero que traxo el santo martir, dize la historia de S. Iuan de la Peña alegada por Çurita, que era Aleman, al qual en aquel día y hora peleaba en Antiochia con los demas cruzados, mataron los moros el cavallo, y lo rodearon para matarle; y a este punto le apareció el gloriosos S. George, sin que el buen cavallero Aleman entendiese ni supiese quien era … y ayudole a subir en las ancas de su cavallo, y sacole de su batalla, y subitamente lo transporto a Aragón, al lugar donde era la batalla del Rey don Pedro con los Moros, y señalole que se apeasee y peleasse….

Espantaronse los enemigos de la fe viendo aquellos dos cavalleros cruçados, el uno a pie, y el otro a cavallo: y como Dios les perseguía empeçaron de huyr quien mas podía. Por el contrario los Christianos, aunque se maravillaron viendo la nueva divisa de la Cruz: pero en ser Cruz se alegraron, y cobraron esfuerço hiriendo en los Moros: y assi los arrancaron del campo y acabaron de vencer”.

¡¡FELIZ DÍA DE SAN JORGE!! ¡¡FELIZ DÍA DE ARAGÓN!!


Sentirnos aragoneses…

22 de abril de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

En esta semana que celebramos la festividad de San Jorge, momento en el que baja un poco la acción diaria y aumenta la dimensión protocolaria, quiero dedicar ese tiempo que excuso de actos públicos y cuchipandas a escribir reflexiones sobre los personajes claves, sobre los protagonistas de ese singular siglo XII en el que el viejo reino pirenaico de Aragón se vió en la texitura de proyectarse al mundo generando la Corona de Aragón. Detrás de todo, la profunda responsabilidad de una familia real que no quería dar carpetazo a la historia de una tierra triunfadora, el firme compromiso de unos hombres y unas mujeres por seguir adelante creando futuro. Ellos y ellas, gentes de la familia Aragón, tienen rostros y miradas. Y a esas presencias que triunfaron sobre la muerte vamos a dedicar algunos minutos de este tiempo que nos toca vivir, un tiempo en el que -como bien ha dicho el presidente de las Cortes de Aragón, señor Pina, en el discurso institucional- es obligado defender a Aragón desde la verdad y desde la lealtad al pasado. Esa es la tesis que yo vengo defendiendo desde hace varios años, la misma tesis que sigo defendiendo y la tesis que seguiré defendiendo. Y lo hago desde el convencimiento de algo muy básico: como aragonés debo ser leal a esta tierra, a sus gentes que son las mias, entre las que estoy yo y para las que merece la pena trabajar, cada uno desde el puesto que ocupe y tenga el cometido que tenga. Esta empresa nos necesita a todos. Vamos pues a viajar en el tiempo, como si fuera un Caballo de Troya…