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Ordesa y Monte Perdido, Parque Natural desde 1918

19 de agosto de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

Vía GEA | Situado en el corazón del Pirineo Aragonés, el Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido, un espacio natural protegido que se extiende entorno al macizo de Treserols, fue declarado hace 92 años (y tres días) como parque junto al de Covadonga de Asturias, y cuenta con más de 16.000 hectáreas de superficie, estando integrado en la comarca del Sobrarbe, así como con la cesión de territorios al área protegida por parte de cinco términos municipales: Bielsa, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin, Torla y Broto. En 1977, el parque se incluyó dentro de la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala, declarada por la UNESCO y, ya en 1982, se consiguió la ampliación del parque, lo que supuso la cancelación definitiva del proyecto hidroeléctrico que afectaría al Cañón de Añisclo.

Desde la antigüedad, este macizo ha sido objeto de la atención de geólogos, botánicos, zoólogos, espeleólogos y montañeros por los numerosos alicientes que ofrece la singular naturaleza de su geología, la variedad de su flora y las peculiaridades de su fauna. El Monte Perdido, máxima altitud con sus 3.348 m. del macizo de las Tres Sorores, domina los cuatro valles principales: Valle del Arazas (Ordesa), Cañón de Añisclo, Garganta de Escuaín y valle de Pineta. Así, desde el punto de vista geológico se debe destacar el macizo de Gavarnie-Monte Perdido, que ha sido calificado como «un inmenso poema geológico», y así lo definió el geólogo francés L. Ramond de Carbonnièrs, que alcanzó su cumbre en 1802, descubriendo –en los alrededores del lago de Tucarroya– cantidad de fósiles marinos que confirmaban que el Monte Perdido fue un antiguo fondo marino durante la era secundaria.

El agua, debido a su torrencialidad y fuerza erosiva, ha modelado bellas cascadas y profundas cavidades como la Cola de Caballo, las gradas de Soaso, el magnífico Cañón de Añisclo o la Garganta de Escuaín. Además, cuenta con unas magníficas cimas lideradas por el Monte Perdido, aunque también existen otros que superan los 3.000 metros, como es el caso del Cilindro (3.322 m.), Marboré (3.250 m.), el Soum de Ramond (3.263 m.) o el Taillón (3.144 m.). El hielo que se forma durante los meses de invierno ha provocado formaciones geológicas de gran interés como la gruta helada de Casteret, con hielo fósil en su interior; y sima de la Punta de las Olas (junto al monte Perdido), que es la cavidad a mayor altura del mundo (3.007 metros).

La vegetación es muy variada, debido a la diferencia de altitudes y orientación, siendo ejemplares muy apreciados por los botánicos la Edelweis (Leontopodium alpinum), que es una flor de nieve protegida por hallarse en peligro de extinción, o el Rododendro (Rhododendron ferrugineum). El bosque supera el 18% de la superficie total y tapiza las vertientes inferiores de los valles llegando hasta los 1.500 metros, distribuyéndose las especies según la orientación de cada valle. Asi, en Ordesa, de clima frío y húmedo, dominan las hayas, mientras que en Pineta, más árido, destacan los pinares de pino silvestre. En Añisclo y Escuaín el bosque es submediterráneo y está dominado por encinas y quejigos en las partes más altas y bosque de ribera en torno a los cauces.

La fauna también es muy variada, habiendo tenido aquí su último refugio una especie ya extinguida (en 2000) como el Bucardo (Capra Pyrenaica Pyrenaica), considerada como la especie emblemática del parque. Entre otras especies, también destacan el Quebrantahuesos (cuya Fundación para su conservación cumplió 15 años el pasado 2 de agosto), el Buitre Leonado, el Águila Real, el Tritón Pirenaico, la Nutria, la Marmota o el Sarrio.

En definitiva, el Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido posee unos valores únicos que quedan atestiguados con las más de 650.000 visitas que recibe este espacio a lo largo del año y que, por supuesto, nadie debería perderse.


El Camino de Santiago por el valle de Hecho

20 de julio de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

En los primeros años de la peregrinación, desde el siglo IX hasta el siglo XI, el camino que utilizaron los peregrinos que caminaban hacia el Finisterre, en busca de la tumba del apóstol Santiago pasaba por el valle de Echo, siguiendo la vieja calzada romana que comunicaba Zaragoza con el Bearne, en ese tramo que recorría el Pirineo desde Siresa hasta Lescum. El viejo Puerto del Palo, complicado en su orografía, había conseguido hacerse con el control del camino puesto que, a sus orillas, se había levantado el monasterio condal de San Pedro de Siresa desde el que los monjes atendían la hospitalidad, cuidaban a los enfermos y mantenían abierto el camino. Un camino que protegían los soldados del conde de Aragón que vivía en el valle y que mantuvo este camino hasta que se trasladó a Jaca, el nuevo centro político del podr aragonés, y el valle cheso comenzó a perder protagonismo. Pero, esa crisis que comenzó en el siglo X no se cerró hasta la segunda mitad del siglo XI, cuando los soldados aragoneses que protegen los caminos se ocupan de un nuevo paso: el de Somport.