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Fotografías para Iglesia de Santiago

25 de julio de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Hoy, festividad del Patrón de España, en la iglesia zaragozana de Santiago la misa ha tenido una solemnidad mayor, pues allí estaban acompañando con sus sones y su colorido los hombres y mujeres del Centro Gallego de Zaragoza, que han querido celebrar -una vez más- su festividad en un espacio dedicado al santo apóstol compostelano, motor de Europa y cuyo camino construyó civilizaciones y reinos. Y al final de esa misa, celebrada por el Vicario General del arzobispado don Julián Ruiz, hemos asistido a un acto entrañable en el que el párroco ha presentado la publicación que se ha hecho sobre “La iglesia de Santiago”, construida sobre el trabajo de casi una veintena de fotografos que dirigidos por José Antonio Duce han captado las mil secuencias del ayer perdidas en el espacio infinito de un templo barroco de la categoría de este que nos ocupa.

Y en ese libro, junto al responsable de la cofradia y a mosen Pascual Martínez, he tenido el honor de colaborar -invitado por el párroco mosen José Antonio Usán- escribiendo un epílogo en el que me planteo algo que cada vez me preocupa más: no hay que quedarse sólo en el describir, hay que pasar al comprender y al sentir, a recuperar las razones por las que nuestros antepasados hicieron estas iglesias de esta manera y no de otra. He intentado cumplir lo que decía la escritura de la misa de la fiesta del apóstol: “creí y hablé”, he intentado plantearme un recorrido emocional por este espacio sacro que va desde esa puerta, frontera con el cielo como dice el Génesis, hasta el mismo altar que es centro del misterio, el punto de conexión con el cielo. Los caminos que nos llevan desde el mundo (desde esa calle en la que vivimos diariamente) hasta el santuario (el ábside que centra nuestras miradas) van trazando naves que recuerdan la nave del diluvio que navega en el infortunio, siempre salvada por ser la Palabra de Dios. La Cúpula nos llama a caminar hacia el altar, a través de esa luz que inunda el espacio, de esa luz que nos recuerda a los Salmos cuando nos dicen “Él nos ilumina”. En el lado del Evangelio, en la nave que encontramos entrando a la derecha, los constructores de este antiguo templo de san Ildefonso nos proponen un itinerario de Conversión que parte del agua del baptisterio y que camina hacia el altar. Y la nave del Evangelio nos habla de María, nos invita a desandar el camino pero seguros de que lo hacemos en la confianza de María de Nazaret, que nos acompaña hacia el mundo de todos los días… Y siempre, peregrinando como es propio del pueblo de Dios, andando este espacio de encuentro con Dios, andando en un tiempo sagrado que nos mejora y nos reconstruye como seres humanos capaces de amar, de comprender, de perdonar, de ayudar… de vivir con el Evangelio.


Ramiro I de Aragón

6 de diciembre de 2009     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Es bueno que hoy, día de la Constitución española, de esa Carta Magna en la que se basa nuestra convivencia, tengamos en esta tierra aragonesa un recuerdo cariñoso para nuestros primeros reyes; para aquellos monarcas guerreros del siglo XI que acometieron la tarea de construir pueblos, caminos, puentes, iglesias, campos, rutas comerciales y una capital para ordenar el nuevo estado.

Y, en especial, para Ramiro I de Aragón, hijo del pamplonés Sancho el Mayor, descendiente directo de los condes aragoneses, primer rey de esta monarquía pirenaica que acometió el diseño de un nuevo mundo. Aunque es cierto que sería su hijo, el rey Sancho Ramírez, el verdadero creador de este estado, no cabe duda que nuestro recuerdo hoy debe ir a ese infante pamplonés, conde aragonés y rey de Aragón que inauguró la dinastía en el otoño de 1036.

Y, para ponerle imagen, nada mejor que esta miniatura de un documento conservado en los archivos jacetanos y que –aunque es del siglo XIII- nos puede dar una entrañable ventana al pasado, no exenta de arcaísmo en esta imagen coloreada recientemente por Escarlati. En ellas, Ramiro está sentado en el trono y ante él su hijo Sancho Ramírez. Pero de estos monarcas volveremos a hablar.


¿De dónde proceden los ciudadanos de Cataluña?

1 de diciembre de 2009     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“¡Hermanos! Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad” (Máximo Décimo Meridio, Gladiator)

El pasado día 28 de noviembre –a colación con la comparecencia del consejero de Cultura de la Generalitat de Cataluña, Joan Tresserras, para explicar el estudio de los restos de Pedro III, que estuvo plagada de errores y manipulaciones, perfilando una visión torcida de la realidad histórica–, un ciudadano de Zaragoza publicó una carta en El Periódico de Aragón que venía a decir que “los catalanes no son españoles, son franceses, proceden del sur de Francia, de la Occitania y son los primeros charnegos en llegar a Cataluña”, amén de datos históricos que acompañaban a esta frase, y que pueden leer clicando en la imagen de la derecha.

Por ello, hoy me gustaría ampliar la información que aportaba D. Isidoro Berdié, autor de dicha carta, sin la necesidad de aportar, porque no lo creo ni justo ni necesario, opinión personal alguna sino, más bien, referencias históricas que pueden aclarar más aún esta cuestión, pues ya se sabe que los diarios de papel tienen una limitación obvia, y que no es otra que el espacio.

Así, y resumiendo mucho la Historia, en los siglos VIII y IX, los Carolingios (el linaje de reyes francos que gobernaron Europa Occidental entre los siglos VIII y X, y cuyo nombre deriva de su fundador, el mayordomo de palacio y vencedor de la batalla de Poitiers, Carlos Martel) decidieron hacerse con el control de los territorios al sur de los Pirineos como consecuencia del fracaso de la expedición que hiciera Carlos I el Grande (Carlomagno) a Zaragoza en el año 778, cuando los embajadores musulmanes de Zaragoza le ofrecieron tomar posesión de la ciudad a cambio de su ayuda militar contra los musulmanes cordobeses, liderados por Abderramán I.

El fracaso de Carlomagno en Zaragoza, que tuvo miedo del poderoso ejercito franco –por lo que no abrió sus puertas–, se debió a que la ciudad no cayó con la rapidez que el rey de los francos (desde el año 768 d.C.) pensaba; incluso, se encontró ante la batalla más difícil que enfrentara en toda su carrera y, temiendo una derrota, decidió retirarse y regresar a casa. Así, como Carlomagno no podía confiar en los musulmanes ni en los vascones, a quienes se había enfrentado durante su conquista de Pamplona, abandonó apresuradamente la península por el Paso de Roncesvalles, ante la llegada del invierno y las nieves, cuando ocurrió uno de los eventos más famosos de todo su reinado: la Batalla de Roncesvalles, que arrojó varios famosos muertos, entre los que se encontraban el senescal Eggihard, el conde del palacio Anselmo y el prefecto de la Marca de Bretaña, Roldán, posterior inspiración del Cantar de Roldán (Chanson de Roland), el famoso cantar de gesta francés.

Este hecho encolerizó a la Dinastía Carolingia y decidieron controlar el territorio enviando a condes y jefes militares a establecer colonias en dicha zona. De esta manera, y he aquí la clave de la cuestión planteada, los condes establecieron condados y así nacieron los condados catalanes y el de Aragón, por lo que las personas que vivían allí, los que obedecían (la clase baja/media) –pues los mandones y los frailes eran francos (la alta sociedad)–, eran la vieja población hispano visigoda que ocupaba esas tierras.

Muy posteriormente, en el siglo XII, gracias al apoyo mostrado a Ramiro II de Aragón en contra de los castellanos, éste le ofreció a Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, a su hija Petronila –de un año de edad– en matrimonio, quien –tras el fallecimiento de su marido– abdicó en favor de Alfonso II el Casto en documento fechado el 18 de julio de 1164. La boda, hecho por el que los condados catalanes se unieron a Aragón, se celebró en Lérida mucho más tarde, en el mes de agosto de 1150, depositando Ramiro II en su yerno (el 13 de noviembre de 1137) el reino pero no la dignidad real, firmando éste en adelante como Conde de Barcelona y Príncipe de Aragón.

Creo que la cuestión ha quedado bastante clara pero, no obstante, para eso es un blog, para dialogar a través de los comentarios (el foro de cada artículo). Y, por si fuera poco, Domingo Buesa y un servidor hemos creado un grupo en Facebook, denominado Plaza de la Corona de Aragón, para defender los derechos de una tierra que requiere del apoyo de todos, excepto de la clase política (por lo que podemos comprobar cada día…), poniendo a la Historia en su sitio.