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La muerte de Pedro I de Aragón

3 de octubre de 2011     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Estoy convencido que no conviene pasar por alto las posibilidades de hablar de nuestros reyes, puesto que así iremos haciéndolos habituales en el Aragón del siglo XXI, que buena falta nos hace. Bueno, pues el 27 de septiembre recordamos la muerte de Pedro I de Aragón, el tercer rey aragonés del siglo XI, que murió el año 1104 en los lejanos paisajes del valle de Arán, empeñado en su gran tarea de consolidar sus dominios contra los musulmanes a los que había intentado quitarles tierra durante toda su vida.

Pedro I era rey desde 1094, rey de Aragón y de Pamplona, por ser hijo de Sancho Ramírez, y como él se ocupó de conseguir la gran expansión del territorio aragonés que llegó a incorporar la Sierra de Alcubierre y los Monegros. Pero lo más importante fue la conquista de Huesca, en 1096, después de derrotar al rey al-Mustain II de Zaragoza en la batalla del Alcoraz, en el lugar donde hoy está el campo de fútbol del Huesca. Y por supuesto, el trasladar la capital desde Jaca a Huesca, para comenzar la segunda gran etapa: la conquista de Zaragoza que lograría su hermano Alfonso I el Batallador veintidós años después.

Este es un rey que fue muy amigo del Cid Campeador y a cuyos hijos –Pedro e Inés, los dos murieron muy jóvenes- algunos historiadores casan con una hija y un hijo del propio Cid Campeador. Sea así o no sea así, es bonito recordar a este monarca que se volvería a casar, al quedar sin herederos, con doña Berta a la que al morir él dejaría convertida en gobernadora del Reino de los Mallos.


Orna de Gállego y el reino aragonés

5 de septiembre de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Me habla doña Laura, la dueña del Restaurante Cobarcho de Jaca, al que suelo ir con frecuencia pues se come bien y el ambiente es muy agradable, de un pueblo serrablés para mi muy querido, debido a que frente a su iglesia me hicieron la primera grabación para televisión, en aquel 1972 para el prestigioso Informe Semanal. Por eso, el reto que me lanza hablando de la historia de este lugar, me lleva a plantear algunas reflexiones sobre su orígen.

Orna es un viejo pueblo medieval que se fundó, en la orilla derecha del río Gállego, un río que siempre ha funcionado como camino que ponía en contacto las tierras del Somontano de Huesca con el Pirineo, desde los tiempos más remotos, pues ya sabemos que a su orilla se extendía la calzada que usaban los romanos en la época imperial para ascender a las aguas termales de Panticosa o al paso del Pirineo. Esta circunstancia ha hecho que algunos autores hayan visto en el topónimo Orna una clara vinculación al término latino “urna”, que significa “urna sepulcral”, con lo que abre la posibilidad de poder hablar de algún establecimiento romano aunque quizás sea más acertado el pensar que el primer asentamiento que se produjera aquí, quizás en el siglo IX o incluso el X, fuera el de esos grupos humanos que van emigrando hacia el oriente. En la misma línea que en Lasieso, este proceso de colonización generaría campos de tumbas que pudieron permanecer en la memoria colectiva y generar el nombre de este lugar que no procedería directamente de la presencia romana en la zona sino de la pervivencia del latín como lengua hablada por las comunidades altomedievales.

Sea lo que fuera, la gran época del lugar de Orna se ubica en el siglo XI y debió de comenzar en tiempos del propio Sancho el Mayor que tuvo interés en establecer nuevos asentamientos humanos en estas zonas para ir consolidando la frontera meridional de su reino. El caso es que se levantarían algunas casas, en torno a una amplia calle única que, al final, delimitaría la iglesia que bien pudo situarse en el espacio de la remota capilla y su necrópolis altomedieval. Y este pequeño establecimiento contaría además con su buena ubicación, en un pequeño cerro amesetado en la orilla derecha del Gállego, que lo dotaba de una cierta posibilidad de defensa o, cuando menos, de visuales sobre la zona. Y en los alrededores, la zona boscosa se puso en cultivo a través de quemas de vegetación y de planificar las tablas a utilizar para generar una actividad económica que estaría muy controlada por el monasterio de San Andrés de Fanlo que, desde su fundación en el siglo X, tiene el encargo de gestionar la ordenación territorial de estos espacios del Serrablo meridional, vertebrado por los ríos Gállego y Guarga.

El caso es que, en el otoño del año 1035, el rey Ramiro I se encuentra en este lugar que da nombre a una unidad territorial que se llamó “Campo de Orna” dirimiendo un pleito del monasterio de Fanlo con el poderoso abad Banzo que –en los años siguientes- pondrá todo su interés en hacerse con campos y casas en este enclave, así como arreglar el lagar de Arto, y poner en marcha los cultivos de vid que caracterizaron al Campo de Orna en el medievo. Si rastreamos las donaciones que se hacen al monasterio de San Andrés de Fanlo, podemos comprobar que en esta población ya algunas personas establecidas de peso e influencia en la corte aragonesa, como García Jiménez que es dueño de la iglesia que tiene el lugar, un templo que sería pequeño y que estaba dedicado a San Miguel, o el propio conde Sancho Ramírez –hijo natural de Ramiro I y gran benefactor de la catedral de Jaca- que tiene una casa en la población. Los dos donarán a Fanlo sus casas, sus viñas y la iglesia; lo mismo que hizo Sancho Iñiguez que había emigrado de Orna para iniciar una brillante carrera que le convertiría en un rico propietario en la Hoya de Huesca y en Orna, sustento que le permitió peregrinar a Jerusalén en 1118.

La vieja iglesia que construyó García Jiménez, que él mantenía y pagaba al mismo tiempo que recibía ingresos por los fieles que la usaban, fue derribada a principios del siglo XII para levantarla en el gran estilo románico que ejemplarizaba la catedral jaquesa, mezclando los arquillos ciegos del estilo lombardo, que dominaba las tierras de Serrablo, y el ajedrezado jaqués de la nueva estética románica. Algunos autores incluso nos hablan de que esta nueva iglesia se levanta a instancia del señor Sancho Iñíguez y, recientemente, algún reconocido investigador, ha llegado a sugerir que se epigrafió una inscripción, sobre la jamba derecha del templo, que hace referencia a que allí reposa Sancho…, en este templo del que suponen benefactor en el entorno del año 1100.

La iglesia se edificó en el siglo XII, en el primer tercio de ese momento y durante el reinado de Alfonso el Batallador, teniendo gran importancia puesto que es el mejor ejemplo que tenemos de la penetración del románico jaqués hacia el oriente. Su contemplación hoy está condicionada por la torre que se le añadió y que tiene un claro aire defensivo, propio para una sociedad que vivió en tiempos de frontera y que luego contribuyó a custodiar la paz en este camino del Gállego.


La verdadera historia de Roncesvalles

20 de julio de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Si se acude a la página oficial de este importantísimo centro de la peregrinación jacobea, nada se dice de su vinculación con el enclave aragonés de Santa Cristina de Somport. Se cuenta que hubo un hospital dependiente de Leyre, que si tal, que si cual… Pero no se cuenta la verdadera historia del origen de este enclave que es muy sencilla de entender, máxime cuando se funda en unos años en los que el rey de Aragón es también rey de Pamplona y, por tanto, los intereses de los dos territorios responden al único interés del estado de los Ramírez, la familia real. Por eso, he escrito en alguna ocasión siguiendo las investigaciones de nuestros grandes maestros del medievalismo -los profesores Lacarra, Ubieto y el archivero Durán-, que los monjes de santa Cristina fundaron una delegación suya en el paso de Roncesvalles. La Bula papal de Eugenio III, en 1151, y la Bula de Inocencio III, en 1216, nos explican con detalle que dependía del priorato de Somport “la iglesia de Roncesvalles con hospital”. Una dependencia que se fundó en tiempos del activo Sancho de Larrosa, un obispo de Pamplona que había nacido en el valle del río Aragón y había estado vinculado al Hospital de Somport en su juventud. Además, en el momento de la fundación –entre los años 1127 y 1132- Aragón y Navarra están unidos bajo el gobierno de la dinastía de Ramiro I, en concreto por Alfonso I el Batallador, por lo que no tiene nada de raro que Roncesvalles fuera fundado dentro de los planes expansionistas y financieros de los monjes aragoneses de Santa Cristina de Somport. Un centro religioso y asistencial del que habían salido algunos obispos pamploneses, como Guillermo de Lafita que fue el primer prior de Santa Cristina. Curioso.