El día 28 de septiembre, pero de hace 773 años, el rey de Aragón Jaime I conquista la ciudad de Valencia y sienta las bases para pasar a ser considerado por la historia como Jaime el Conquistador. Y la conquista fue pactada, después de que los cristianos les destruyeran las cosechas, cuando el rey moro pactó don Jaime I el celebrar una batalla si los emisarios que manda el musulmán le consiguen traer ejércitos. Pero poco pudo hacer y como no obtuvo mucha ayuda –una escuadra del rey de Túnez que no intervino- se rindió la ciudad y el rey aragonés la convirtió en cabeza de un reino por dos razones: por lo rica que era y porque la conquistó obligado por el papa Gregorio IX que estaba muy enfadado con él porque había apresado al obispo de Zaragoza. Estamos ante un rey complicado, bastante analfabeto, que siempre se sintió acomplejado por no haber nacido en Huesca, donde era tradición que dieran a luz las reinas de la Corona de Aragón.
El caso es que hoy le recordamos conquistando Valencia con el dinero de los aragoneses, puesto que las cortes de Monzón aprobaron la concesión al Rey de un maravedí de oro por familia. Por eso, es fácil entender que en la conquista de Valencia esto esta muy claro en un riguroso estudio de la profesora Cabanes, el cincuenta y uno por cien eran aragoneses, cosa entendible si les digo que además a cada uno que fuera allí el rey le daba propiedades: una casa y dos yuntas por peón y dos casa y cuatro yuntas por caballero y las gentes que arañaban tierras yermas vieron su salvación en las huertas de Valencia.
Estoy convencido que no conviene pasar por alto las posibilidades de hablar de nuestros reyes, puesto que así iremos haciéndolos habituales en el Aragón del siglo XXI, que buena falta nos hace. Bueno, pues el 27 de septiembre recordamos la muerte de Pedro I de Aragón, el tercer rey aragonés del siglo XI, que murió el año 1104 en los lejanos paisajes del valle de Arán, empeñado en su gran tarea de consolidar sus dominios contra los musulmanes a los que había intentado quitarles tierra durante toda su vida.
Pedro I era rey desde 1094, rey de Aragón y de Pamplona, por ser hijo de Sancho Ramírez, y como él se ocupó de conseguir la gran expansión del territorio aragonés que llegó a incorporar la Sierra de Alcubierre y los Monegros. Pero lo más importante fue la conquista de Huesca, en 1096, después de derrotar al rey al-Mustain II de Zaragoza en la batalla del Alcoraz, en el lugar donde hoy está el campo de fútbol del Huesca. Y por supuesto, el trasladar la capital desde Jaca a Huesca, para comenzar la segunda gran etapa: la conquista de Zaragoza que lograría su hermano Alfonso I el Batallador veintidós años después.
Este es un rey que fue muy amigo del Cid Campeador y a cuyos hijos –Pedro e Inés, los dos murieron muy jóvenes- algunos historiadores casan con una hija y un hijo del propio Cid Campeador. Sea así o no sea así, es bonito recordar a este monarca que se volvería a casar, al quedar sin herederos, con doña Berta a la que al morir él dejaría convertida en gobernadora del Reino de los Mallos.
Hace un año que murió José Antonio Labordeta, referente de la canción aragonesa, y lo recordamos con cariño. Y hoy, 19 de septiembre, hace 119 años que nació (en 1892) en el barrio zaragozano de Santa Fe de Huerva el estudioso y humanista Pascual Galindo Romeo. Estamos hablando de un sacerdote y catedrático de Universidad, singular humanista y maestro en numerosas disciplinas, especialmente relacionadas con Aragón y gran estudioso de su pasado. Don Pascual Galindo fue doctor en Teología por Roma, realizó en la Facultad de Filosofía y Letras, de la que sería profesor y vicerrector, su tesis doctoral sobre la documentación del rey Alfonso el Batallador. Fue catedrático de latín en la Universidad de Santiago de Compostela (1922), y al siguiente año se traslada a Zaragoza como latinista, donde permanecerá hasta su traslado como catedrático a la Universidad de Madrid en 1940.
Hablar de don Pascual Galindo es hablar de una de las grandes figuras de los estudios sobre el pasado aragonés en el siglo XX, puesto que el morirá en 1990, a la edad de 98 años, como catedrático de latín, canónigo de la Seo, montañero con el SIPA, prelado doméstico de Su Santidad… Junto a tantas cosas, este discípulo de Giménez Soler, fue el que exaltó el tesoro de los tapices de la Seo en 1918, y el que gestionó que Zaragoza tuviera la réplica del Octavio Augusto regalado por Mussolini al ayuntamiento de esta ciudad. Hoy descansa en el cementerio de Torrero, en la tierra que lo vio nacer y en la tierra que no ha reconocido con generosidad todo lo que hizo por ella.
Hoy, quince de septiembre, tengo que recordar una imagen que nos lleva al pasado remoto de la Plaza de Aragón en Zaragoza. Pero antes, no quiero dejar de citar que en 1254, tal día como hoy, nació el célebre explorador veneciano Marco Polo. Pero, en estos tiempos en los que avanzan las brechas del tranvía hiriendo profundamente a la ciudad histórica, voy a hablarles de cómo hace 143 años, tal día como hoy, se inauguraba la Exposición Aragonesa de 1868 que se había levantado en lo que hoy es la Plaza de Aragón, organizada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Zaragoza, que pretendió organizar un escaparate de la producción aragonesa y de todo lo que pudiese comercialmente interesar a la región. Convencido el Ayuntamiento de su importancia, todos se pusieron a trabajar en este proyecto construyendo un magnífico edificio en el que se iban a exponer todos los productos. El lugar elegido fue la antigua glorieta de Ramón Pignatelli (actual plaza de Aragón), y el edificio hermoso y acristalado, ya pueden suponer que a la moda de las exposiciones europeas, causó gran impresión.
Lo malo fue que, pocos días después, estalló la Revolución de 1868, “la Gloriosa”, Isabel II tuvo que exiliarse a Francia y la exposición estuvo días cerrada abriendo al final los jueves y los domingos para que los expositores vendieran sus productos, al mismo tiempo que el Jurado iba resolviendo el concurso de premios que tenía toda exposición. Los azarosos sucesos de La Revolución hicieron que el acto de entrega de premios tuviese que retrasarse hasta el 27 de noviembre de 1871, tres años después de inaugurada, 27-IX-1871, ya en plena monarquía democrática, aunque tuvo la ventaja de que a la entrega vino el propio rey Amadeo I de Saboya.
El día 8 de septiembre es un día muy especial para muchos pueblos de España y del mundo, puesto que es uno de los días esencialmente dedicado a la Virgen María. Celebra el calendario cristiano una fiesta que tiene su origen en la dedicación de una iglesia en Jerusalén a la Virgen María, que ocupa un lugar privilegiado como madre de Jesús de Nazaret. Y en un lugar que según la tradición era el lugar de su nacimiento se hizo esta basílica, que hoy se llama de Santa Ana. Está claro que esta fiesta del 8 de septiembre se celebraba ya en el siglo VI en Oriente y que en el siglo VII se introdujo en occidente, donde se celebraba con una impresionante procesión que terminaba en la basílica de Santa María la Mayor de Roma.
Con arreglo a esta fecha del 8 de septiembre, día en el que según la tradición nació la virgen, se fijó la Inmaculada Concepción, ocho meses antes del nacimiento, es decir el 8 de diciembre. Aunque algunos dicen que María es de Nazaret y otros de Belén, como descendiente de David, en el siglo V sabemos que existe un santuario en Jerusalén en el mismo sitio en el que estuvo la casa de la Virgen, la casa de su padre san Joaquín que era propietario de algunos rebaños de ovejas. Y a partir de aquí, pues felices fiestas a muchos pueblos aragoneses que celebran el Nacimiento de la Virgen María, madre de Dios, en este 8 de septiembre de acuerdo con sus diferentes advocaciones.
Ayer, día 1 de septiembre hizo 72 años que las tropas alemanas invadieron Polonia, acción militar que iniciaba la Segunda Guerra Mundial. Pero, no les voy a hablar de guerras que no me gusta mucho, hoy quiero comenzar esta reencuentro entre ustedes y yo, agotadas las vacaciones estivales, recordando a un aragonés notable como fue Diego José Dormer, que tal día como hoy, pero del año 1677, fue nombrado cronista del Reino de Aragón, después de que hubiera sido nombrado Cronista real en 1674. El fue uno de los aragoneses que tuvieron el encargo de escribir la historia del reino, de investigar sus orígenes siguiendo las pautas de esa tradición de los cronistas historiadores que se inició con Jerónimo Zurita. Este hombre, nacido en Zaragoza, doctor en Derecho, historiador y escritor, incluso llegó a ser diputado del reino en 1699. Si lo recordamos hoy tenemos que citar algunas de sus obras, como las que continuó con la obra de Zurita y en especial el Libro I de los Anales de la Corona de Aragón en el reinado de Felipe III… Todo ello sin olvidar que este aragonés escribió además un tratado sobre San Lorenzo defendido o Apología de la ciudad de Huesca (1673).
Completando todo ello, Los Emblemas, juramentos y signos y el Martirio de Santo Domingo de Val, completan los títulos de esa fructífera dedicación. Muy preocupado por el enfrentamiento con Castilla y las agresiones de algunos monarcas castellanos, estudió documentos tan relevantes como el del Testamento de los Reyes Católicos y la Concordia de ambos en el gobierno de los reinos de Castilla y Aragón. Todo un personaje que pasó muchos de sus días en el viejo palacio de la Diputación del Reino ubicado junto al Palacio arzobispal de Zaragoza.
Hoy es un día en el que podemos recordar que en el año 2008, hace tres años, fue inaugurada la Exposición Internacional de Zaragoza. Una exposición internacional de 108 países que vivimos en la ciudad de Zaragoza desde el 14 de junio al 14 de septiembre, teniendo como eje temático el estudio del “agua y el desarrollo sostenible”. Una auténtica fiesta que se celebró en el recinto de la expo, localizado en las riberas del Ebro, en el meandro de Ranillas, en una curva que el río hace a su paso por la ciudad. Era el final de un importante proceso, en el que colaboró toda la sociedad, que partía de la idea de organizar una doble celebración la del Bicentenario de los Sitios (1808) y la Exposición Hispano-Francesa de 1908, evento que tuvo un importante impacto para el desarrollo de la ciudad. Y si entonces se urbanizaron amplias zonas que constituyen, en el entorno de la plaza de los Sitios, una de las zonas más hermosas de la ciudad del siglo XX, la Expo2008 nos ha dejado importantes actuaciones en las infraestructuras de la ciudad, se hicieron puentes que están allí, amplias avenidas conectando rondas y se urbanizó una parte amplia de la ciudad que es un ejemplo del buen hacer urbanístico del siglo XXI.
San Lamberto era un labrador, al que un pagano decapitó por no querer abjurar de su fe cristiana. Cuenta la historia que, en ese momento, el labrador zaragozano cogió su cabeza en las manos y marchó andando hasta morir en la iglesia de Santa Engracia de Zaragoza. Su devoción, costatada en los finales del medievo zaragozano, se potenció con ocasión de la estancia en Zaragoza del papa Adriano VI en 1522, recibiendo la noticia de haber sido elegido papa cuando estaba en la capital aragonesa.
Pero, la cuestión es que me pregunta mi amiga Francha, desde el Barrio de San Pablo de Zaragoza, cuál fue la causa de que decayera esta devoción y sólo se me ocurre recordar que los franceses causaron destrozos y daños en las reliquias en el verano de 1808 y que estio fue perjudicial. No obstante, en Miralbueno todavía desfila la cofradía de San Lamberto como testimonio de esa devoción que se le tiene en los campos y huertas de Zaragoza, en los pocos que van resistiendo la especulación más brutal.
Cuando comenzamos la andadura del mes de junio, es bueno que hagamos un alto y recordemos la presencia del rey Carlos I de España y V de Alemania en la Zaragoza de 1518. Una presencia que tenía como finalidad asistir a la procesión del Corpus Christi en la ciudad de Zaragoza, es más, participar en ella llevando la primera vara del palio que cubría la custodia procesional que llevaba la Eucaristía. La llegada de Carlos I, que sólo llevaba en España tres años, tiene mucho sentido puesto que lo hace para participar en una de las fiestas más importantes de la capital aragonesa –la procesión del Corpus- donde incluso asistían los regidores de la ciudad portando las cabezas de los santos que iban a buscar a los monasterios de la ciudad, como Santa Engracia, llevándolas a La Seo. Mientras salía la procesión el mayordomo de la ciudad entregaba a todas las autoridades las velas con las que acompañaban la Custodia…
Y, además, es necesario que lo recordemos, puesto que eso mismo es lo que se ha reconstruido en una de las salas del nuevo
Museo Diocesano de Zaragoza, en el que podemos ver la procesión del Corpus, incluso oyendo la marcha que se compuso para aquella ocasión, la música que acompañó a Carlos I en la procesión del Corpus de 1521. La ciudad festejaba por todo lo alto la gran fiesta del Corpus que protagonizaba su ayuntamiento, hasta que en 1711 los nuevos reyes Borbones decidieron venir ellos a presidir la procesión prohibiendo a los munícipes zaragozanos su asistencia.
Comenzamos el mes de junio recordando la muerte dramática de uno de los arzobispos de Zaragoza, del arzobispo García Fernández de Heredia que fue asesinado entre las poblaciones de Almonacid y La Almunia, tal día como hoy pero del año 1411, es decir hace exactamente seiscientos años. La muerte del prelado fue consecuencia de los graves problemas que se originaron con ocasión de la sucesión del rey Martín el Humano que murió sin descendencia. Más en concreto por causa del enfrentamiento que se produjo entre las poderosas familias aragonesas que aspiraban al trono. Uno de los candidatos que tenía fuerza, puesto que descendía de la familia real e incluso estaba casado con una hija del rey Pedro IV, era Jaime de Urgel, un poderoso conde que contaba con importantes apoyos hasta que fue acusado de cometer un asesinato.
El asesinato era el del arzobispo de Zaragoza, persona que se había opuesto radicalmente a su candidatura y que además siempre le vetaría. Por eso, cuando iba recorriendo su diócesis le produjeron una emboscada y allí mismo lo mataron unos esbirros de Antón Luna que era la familia que apoyaba a muerte al conde de Urgel como futuro rey de Aragón. El asesinato conmovió a todos los estados de la Corona de Aragón, máxime cuando se estaba en plena negociación. Un suceso, como ven, que resultó tremendo para un tiempo en el que la Iglesia controlaba todo. Era como un signo de un nuevo tiempo, era el primer obispo de Zaragoza que moría asesinado y no lo trajeron a Zaragoza, se lo llevaron a enterrar a Teruel. Cosas de la vida.