Archivo para el mes de enero de 2012

Recordando la exposición ‘Académicos de San Luis’

30 de enero de 2012     Publicado por Orlando Suarez Camara    

La historia de la Real Academia de San Luis se basa en la entregada labor de promover el estudio y la práctica de las bellas artes. Una tarea a la que se puede vincular el principal objetivo de la exposición que ha acogido el Palacio de Montemuzo, desde el pasado día 29 de noviembre hasta ayer, en la que algunos de los miembros de la Academia, activos en la destreza artística dentro de diversas especialidades, nos han enseñado sus trabajos de las tres últimas décadas, con lo que han puesto ante nuestros ojos la actualidad de una institución que cuenta ya con casi doscientos veinte años de historia.

Así, hemos podido contemplar eminentes trabajos de escultura, fotografía, pintura, dibujo y grabado, a través de los cuales nos hemos acercado al panorama artístico institucional de la capital aragonesa. Y, comenzando por la primera especialidad artística comentada, la escultura, la nómina de artistas que han presentado obra recogen nombres como los de Jorge Albareda (Zaragoza, 1926), con su conocida obra “Cristo Resucitado”, que recordamos cada año en la Semana Santa zaragozana; Manuel Arcón (Barasona, Huesca, 1928) y su “Descanso”; Miguel Galanda (Caspe, Zaragoza, 1951); Fernando García Grúas (Zaragoza, 1971); Santiago Gimeno (Nonaspe, Zaragoza, 1952) o Javier Sauras (Huesca, 1944).

Tras los trabajos escultóricos, es conveniente repasar los artistas que han propuesto obras dedicadas a la pintura, entre los que encontramos nombres como los de Agustín Alegre Monferrer (Santa Eulalia del Campo, Teruel, 1936); Esperanza Altuzarra (Bilbao, 1952); Jacinto del Caso (Borja, Zaragoza, 1932); José Ignacio Baqué Calvo (Zaragoza, 1941); Natalio Bayo (Épila, Zaragoza, 1945), que este mes de enero ha inaugurado una exposición en el Museo del Grabado de Fuendetodos, con 295 obras que ha donado a la Fundación Goya-Fuendetodos; Mª Ángeles Cañada (Oliete, Zaragoza, 1951); Mercedes Gómez-Pablos (Palma de Mallorca, 1940); Manuel Monterde Hernández (Zaragoza, 1943); Mª Cruz Sarvisé Laiglesia (Zaragoza, 1923); Antonio María Almazán (Zaragoza, 1932); Fernando Alvira Banzo (Huesca, 1947); José Beulas (Santa Coloma de Farnés, Gerona, 1921); Pilar Moré y Almenara (Fraga, Huesca, 1940); José Luis Lasala (Zaragoza, 1945) o, entre otros, Isabel Guerra (Madrid, 1947), que ha expuesto el sobresaliente retrato institucional del presidente de la Real Academia, Domingo Buesa.

En otro orden de cosas, el arte del grabado ha estado representado por el artista Pascual Blanco Piquero (Zaragoza, 1943), cuyo trabajo tiene la característica de combinar técnicas al servicio de la expresión, en la que el ser humano centra la composición. Y, sin apartarnos del amplio mundo de la gráfica, cabría hablar de las propuestas de Jorge Gay (Zaragoza, 1950), artista representante de la figura humana dentro de un universo de realismo cercano a la magia y población de fantasía; y Teodoro Pérez Bordetas (Zaragoza, 1927), en cuya carrera ha plasmado a la región aragonesa con una admirable capacidad de síntesis y cierta poética silenciosa concentrada en el trazo y la composición de lugares en los que reina la historia y un callado grito de atención a la memoria.

Y, como no podía ser de otra manera, la exposición ha contemplado también el arte de la fotografía, que ha sido representada por nombres como los de Rafael Navarro (Zaragoza, 1940), cuyos temas siempre han estado relacionados con la naturaleza, el ser humano y el paisaje; José Verón Gormaz (Calatayud, Zaragoza, 1946), que se autodefine como poeta, narrador, periodista y fotógrafo; José Laborda Yneva (Zaragoza, 1949), que utiliza la fotografía como medio plástico de expresión a través de la cual mostrar los detalles de una arquitectura que sirve para definir espacios, entornos, ambientes y ciudades; o el arquitecto Alejandro Rincón González de Agüero (Zaragoza, 1952), cuya relación con la cultura y el arte es vocacional, que le ha llevado a desarrollar diversos proyectos relacionados con la gráfica, la escultura y las instalaciones.

Por tanto, hemos podido disfrutar de una muestra que ha ofrecido una visión extensa del arte elaborado en Aragón, aproximadamente en los últimos treinta años, por diversos miembros de una institución oficial de defensa y promoción de la cultura artística, como es la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, y que demuestra que se han desarrollado diferentes manifestaciones artísticas, con especial predilección por un arte figurativo que, en numerados ejemplos, como bien indica Mª Belén Bueno Petisme en el prólogo del catálogo, “se separa de la realidad y para el que son la naturaleza y el ser humano los principales referentes, siempre trabajados desde la voluntad creativa con oficio y tradición”.

PD: Para aquellos que no hayáis podido contemplar las treinta y una obras expuestas en el Palacio de Montemuzo, os invito a visitar el álbum expositivo que he creado en Flickr para tal fin.


Las bombas del Pilar

2 de enero de 2012     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Hoy he estado en la basilica catedral de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza y era tal la afluencia de personas que había que moverse por ella con cierta parsimonia. La verdad es que quedaba patente el compromiso y la complicidad de esta ciudad, de esta tierra, con María de Nazaret, con nuestra Virgen del Pilar. Y en este lento discurrir, rodeado de masas de gentes, uno puede ir viendo con más detalle algunas cuestiones a las que en las visitas habituales no pones atención. Iba camino de poderme sentar, cosas de la edad, en los bancos para poder oir la Misa del Mediodía cuando he reparado en un pequeño cartel que, aunque es cierto que conocía y que había visto hace años, no me había causado tanto impacto como el que me ha causado hoy.

Explica que en esa pared, junto a parte de las banderas de los estados iberoamericanos que acompañan a la Virgen en el exterior de su Santa Capilla dieciochesca, hay dos bombas que no explotaron, de las que fueron arrojadas contra el templo del Pilar el 3 de agosto de 1936, en esa guerra cruel y fraticida que muchos españoles anónimos, perdidos en los pueblos de España, saludaron alegres para poder dar rienda a su violencia, a su inquina, a su indignidad, unos contra los curas y los otros contra los maestros. Gentes formadas que murieron a manos de vulgares asesinos, de gentes sin dignidad fueran de uno o de otro bando, tuvieran la ideología que tuvieran, puesto que el que mata es asesino lo haga en nombre de lo que lo haga y -aunque algunos antidemocrátas siguen sin entender la frontera entre la razón y la sinrazón, a los dos bandos hay que juzgar con igual dureza en una guerra.

Y uno se plantea leyendo este cartel, cómo pueden lanzarse bombas para destruir el Pilar sin estar mal de la cabeza o sin ser un auténtico e intolerante “bárbaro” en el peor sentido de la palabra. Si no eran creyentes, cosa absolutamente de respetar, tendrían que sentirse herederos de un patrimonio común, cultural y artístico, al que la II República protegió por Ley. Por lo tanto, si eso lo mandaron responsables republicanos lo hicieron incumpliendo la Ley de Patrimonio de la República, magnifica legislación para proteger el legado cultural de todos los españoles. Si eso lo hicieron gentes sin que les dieran orden de ello, antepusieron sus intereses sectarios e inconfesables a los de la nación, a los del pueblo en nombre del cual luchaban… Por lo tanto, y creo que es muy importante que las generaciones futuras lo tengan muy claro, debemos recordar que las barbaries no tienen color, son manifestaciones de incultura, de inseguridad, de odio y de mezquindad. Por eso, hoy quiero condenar al olvido los nombres de los bárbaros que disponiendo esas bombas no atentaban sólo contra un templo cristiano, contra una devoción defendida desde todos los lados, puesto que eran bárbaros atentando contra la historia y el patrimonio del pueblo español y especialmente del pueblo aragonés.


La venida de la Virgen a Zaragoza

2 de enero de 2012     Publicado por Domingo Buesa Conde    

El momento clave en la historia de esta ciudad de Zaragoza, abierta a los caminos que controlaba el puente de tablas romano que permitía cruzar el caudaloso río Ebro, fue el de la presencia de María de Nazaret a sus orillas, en ese espacio de la frontera con el entorno, allí donde el río ponía protección al caserío romano. En una de esas casas que se levantaban a orillas del río Ebro, debió de acontecer el suceso que llenó de singularidad la noche del 2 de enero del año 40, ese momento en el que María le anima al decaído apóstol que no logra consolidar una potente comunidad cristiana en la jóven colonia Caesararugusta. Allí, en una de esas domus o casa romana que los primeros cristianos utilizaban para reunirse, para compartir las enseñanzas de Cristo, tuvo lugar la escena y el compromiso de María: la iglesia que se edificaría en esta ciudad perviviría y siempre habría alguien que diera testimonio de fe en su hijo Cristo.

Hoy, casi dos mil años después, la vieja orilla del río está ocupado por una gran basilica catedral en honor de Nuestra Señora del Pilar, recordando la presencia de María de Nazaret en esta ciudad, recordando que quizás hasta pudo estar fisicamente puesto que -el año 40 de nuestra Era- la Virgen todavía estaba viva y sabemos que iba acompañando a los apóstoles en su evangelización por los caminos del mundo. Así lo han entendido algunos historiadores del pasado, algunos clérigos que han dedicado sus días a estudiar esta devoción que se ha convertido en la imágen de Zaragoza y en un referente para el cristianismo universal. Y pienso que no les falta razón, que María de Nazaret, viuda y doliente tras la muerte de su hijo, estuvo en esta ciudad sentando la dimensión espiritual de la Inmortal Zaragoza. Hoy, 2 de enero de 2012 seguimos recordando el 2 de enero del año 40.