Archivo para el mes de agosto de 2010

Domingo Buesa repasa la historia de Senegüé…

31 de agosto de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Mercedes PORTELLA | 12/08/2010

SABIÑÁNIGO.- Domingo Buesa, catedrático de Historia y presidente de la Real Academia de San Luis de Zaragoza, ofreció el pasado sábado en Senegüé una conferencia sobre los diferentes acontecimientos históricos y cómo pudieron influir éstos en el modelo de vida de Senegüé y Sorripas desde el siglo II al XV.

En esta charla, organizada por la Asociación de Vecinos de Senegüé y Sorripas dentro del programa de actividades del mes de agosto, Domingo Buesa habló de los primeros asentamientos en lo alto de la morrena del glaciar en Senegüé, en la entrada al valle y en la zona fértil pasando por la influencia musulmana.

El catedrático también hizo referencia al modo de vida existente en Senegüé (organización, tributos, obligaciones con el rey, etcétera) cuando la localidad fue declarada “villa” por los reyes Ramiro I y Sancho Ramírez en el siglo XI. Además, la importancia de este núcleo creció cuando fue cabecera de la “honor de Senegüé” que abarcaba el territorio y pueblos comprendidos en el entorno del río Gállego entre Biescas y Sabiñánigo, además de los monasterios de San Úrbez de la Garganta y San Pelay de Gavín.

Asimismo, Domingo Buesa se refirió a la fortaleza musulmana y posteriormente cristiana que existió en el lugar que hoy ocupa la iglesia de Senegüé, y la importancia que tuvo el monasterio de San Salvador, encima del pueblo de Sorripas, así como los nombres etimológicos de Senegüé y Gállego.

El presidente de la Asociación de Vecinos de Senegüé y Sorripas, José Antonio Pardo, expresó su agradecimiento. “Ahora que estamos embarcados en el trabajo de recopilación de datos sobre la toponimia geográfica, historia, vivencias y singularidad de Senegüé y Sorripas, que se recogerán próximamente en un libro, este trabajo de Domingo Buesa supone un buen empujón para nuestro trabajo y nos ayuda a entender un poco más las raíces históricas de nuestros pueblos”.


El final de San Juan de la Peña a manos de los franceses…

25 de agosto de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“…la boca de un mundo de peñascos espirituales revestidos de un bosque de leyenda, en el que los monjes benedictinos, medio ermitaños, medio guerreros, verían pasar el invierno, mientras pisoteaban la nieve jabalíes de carne y hueso, salidos de los bosques, osos, lobos y otros animales salvajes” (Miguel de Unamuno)

En pleno Pirineo aragonés, al pie de una enorme roca cortada a pico en la sierra de San Juan situada en las cercanías de la ciudad de Jaca, a sólo veintisiete kilómetros de distancia y en los verdes paisajes del valle de Atarés, se encuentra ubicado el antiguo cenobio mozárabe que ha terminado convirtiéndose en el símbolo del Reino de Aragón, el monasterio benedictino más próspero del Aragón del siglo XI, un centro del poder religioso y político en el que fueron sepultados grandes reyes aragoneses y navarros como Sancho el Mayor, Ramiro I o Alfonso I, y convertido en lugar de peregrinaje en la vía francesa del Camino de Santiago.

Un conjunto histórico-artístico que, más allá de la crisis económica de finales del siglo XVI, inició su cuenta atrás a finales del XVIII, con la Guerra de la Convención contra los revolucionarios franceses, que supuso la desaparición de parte de la orfebrería pinatense entregada al rey Carlos IV para emplear su valor monetario en defender a la nación, aunque de manera más trágica resultó el episodio de la Guerra de la Independencia. En 1809, mientras la invasión napoleónica tomaba Huesca y Zaragoza, en San Juan de la Peña se estableció un núcleo de resistencia, de la mano de Miguel Sarasa –guerrillero del cercano pueblo de Embun–, que se refugió en el monasterio.

Así, se produjo un terrible suceso del que hoy se cumplen 201 años, ese momento en el que los franceses, respetando el monasterio Viejo, decidieron incendiar el monasterio barroco, además de proceder a fundir abundantes objetos litúrgicos del tesoro pinatense que pudieron robar los soldados de Napoleón, por lo que el monasterio Nuevo comenzó a vivir épocas de penurias económicas que se acrecentaron cuando se comenzó a reconstruir en 1815 y se atendió al ornato de la iglesia principal.

Pero la sucesión de trágicos episodios no acabaría aquí ya que, en agosto de 1835, el gobernador militar y político de Jaca ordenó el desalojo del monasterio, como castigo al apoyo que éste había prestado a los ejércitos carlistas rebeldes a Isabel II. Y, poco después, este abandono de los monjes sería definitivo en ese mismo año, cuando el ministro Mendizábal puso en marcha su famoso proceso de desamortización, que culminaría con la calificación de todos los bienes y edificios del monasterio como propiedad nacional.

Tan sólo se salvaron unos pocos objetos que fueron trasladados a la catedral de Jaca, como es el caso de las dos urnas de plata que contenían los restos de san Indalecio y de los santos Voto y Félix. La escasa docena de monjes que habitaban el monasterio en aquel momento, bajo el gobierno de su último abad, fray Pascual Ara, acabaron sus días repartidos entre la catedral de Jaca y las parroquias del entorno. Una situación lamentablemente irreversible, provocada también por la sucesión de otros acontecimientos singulares, como la pérdida de las propiedades seculares, que provocó el final de la vida monástica en estos parajes de la sierra de San Juan de la Peña.

· Bibliografía: Buesa Conde, Domingo J.: ‘Monasterio de san Juan de la Peña’; León, 2004 (Editorial Everest)


La invasión y apropiación catalana del Aneto

22 de agosto de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Cataluña, o quizás deberíamos decir algunos inútiles y descerebrados catalanes, puesto que no todos los catalanes están metidos en estas estupideces, vuelven a las andadas contra los aragoneses. Una vez más, vuelven a manifestar al mundo su evidente complejo apropiándose de cosas que no son suyas y demostrando que quizás no sean tan autónomos como plantean. En esta ocasión, la excusa ha sido un evento deportivo como el celebrar los veinticinco años de la ascensión catalana al Everest, acaecida el 18 de agosto de 1985, por una expedición financiada por Caixa de Barcelona, a la que no debemos de dejar de mirar con prevención cuando quiere captar dinero que puede emplear en acciones como esta.

Fue una expedición que ellos mismos describen así: “Van ser alhora els primers occidentals en fer el cim de l’Everest per la via del coll Nord. Al cim, Óscar Cadiach va llegir un poema de Joan Brossa i es van onejar les banderes de Catalunya, de Caixa de Barcelona i de la Barcelona olímpica. Des del Camp Base es va retransmetre l’himne de Catalunya”. Pero si esto de las tres banderitas –incluida la de la Caixa- puede parecernos lamentable en un mundo intercomunicado que tiende a evitar las exclusiones, hay que reconocer que están en su derecho de hacer lo que quieran, incluso si algunos aragoneses decidieron encomendar su dinero a alguna entidad financiera para que lo utilice en estas tareas tan conciliadoras y universales.

Pero a lo que no tienen derecho estos señores catalanes es a considerar que llegar al Everest les supone pasar a ser los propietarios de todas las montañas del mundo. Y aquí surge el verdadero problema, cuando la Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña decide celebrar los veinticinco años con la escalada a otras veinticinco montañas catalanas, entre las que hay dos aragonesas. Nada menos que Vallibierna y el Aneto, que como saben los que saben geografía está en el municipio de Benasque, provincia de Huesca, Comunidad Autónoma de Aragón.

Creo que esto es un acto más de agresión, de mala vecindad, de no saber estar de unos acomplejados por la historia que no pueden evitar e intentan desfigurar, y además de incultura pues este desconocimiento de la Geografía de España –asignatura a la que ellos llamarían seguramente Geografía del territorio peninsular que no es Cataluña- dice muy poco en su favor. Todo ello, pues me niego a pensar que una gente tan notable no tenga ni veinticinco montañetas y haga esto antes que plantearse escalar la estatua de Colón o al mismísimo presidente de la Comunidad, al que parece echaron de una manifestación. Es necesario plantar cara y que nuestras instituciones les obliguen a retractarse y borrar de todos sus programas los montes aragoneses que ellos consideran catalanes. Y si no lo hacen, ni unos ni otros, a lo peor ha llegado el momento de poner en práctica por los aragoneses de a pie de calle una política de convertir en invisibles y no comprar los productos que provengan de esa Comunidad vecina, empeñada en violar nuestras fronteras y prostituir nuestra historia. Sería lamentable que ante la desidia de los responsables de todos los niveles, quizás haya que enseñar a estos señores a respetar las reglas democráticas en la calle, donde los pueblos adquieren mayoría de edad en un estado que reconoce la soberanía popular.

Pero, si ellos están cometiendo una notable agresión, nosotros tenemos parte de culpa de estos lodos. Culpa por callarnos, por consentir, por no tener la valentía o el interés de defender lo nuestro. Puesto que esta historia del Aneto procede de 1917 cuando los catalanes comienzan a considerarlo suyo porque el barcelonés Soler creó el refugio de la Renclusa. Y nosotros callamos, como callaron los responsables cuando en 1951 el Centre Excursionista de Catalunya alzó una gran Cruz como símbolo de su dominio y sólo tuvieron la contestación de una Virgen del Pilar puesta en 1956 y de un san Marcial colocado en 1981, que por cierto han tenido complicada vida y no les cuento quienes han sido los virus o bacterias que los han atacado.

Yo no se si hay que pedir permiso para escalar los montes a los gobiernos territoriales, pero si hay que hacerlo ya tardan los nuestros en cerrar el paso a invasiones nacionalistas, porque se pueden saludar acciones deportivas pero no acciones pseudo bélicas de ocupación. Además si los vecinos catalanes se apropian de él por haber actuado en el pico en 1916, ¿qué no harían los rusos y normandos que –de la mano de Platón de Tchihaatcheff y de Albert de Franqueville- lo recorrieron en julio de 1842? E incluso, ¿qué no podrían esgrimir los bandoleros renacentistas aragoneses que lo controlaron cuatro siglos antes de la llegada de los señoritos barceloneses?. Y por cierto, miren los responsables con atención pues algún padre me ha comentado que en colegios aragoneses se estudia con libros que dicen que el pico del Aneto es catalán. Así, como creen ustedes que podemos defender nada.


García Lorca en la ciudad de Jaca en 1949

21 de agosto de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

El amigo Juan Carlos Galtier ha puesto una foto de Federico García Lorca con nuestra querida Peña Oroel a su espalda. Es una foto que nos indica que el gran poeta español ha estado en Jaca, pero es una foto que no nos habla de lo que sucedió cuando Federico llegó a esta ciudad para representar Fuenteovejuna con la compañía teatral “La Barraca”. Pues sucedió que el alcalde, entonces era Enrique Bayo, avisado por el gerente del Teatro Unión Jaquesa –que era Antonio Tramullas- tuvo que suspender la representación ante los cientos de personas que se agolpaban en la calle queriendo entrar a un local que apenas podía sujetar tal avalancha. Como compensación de esta euforia por ver actuar a “La Barraca”, el poeta Federico García Lorca hizo una lectura de sus versos para los estudiantes de la Universidad de Verano. Y a esta anecdota quiero sumar otra que, a buen seguro, llamará la atención de todos nosotros.

En agosto de 1936 el excepcional poeta español Federico García Lorca moría asesinado en su tierra natal por unos sanguinarios que hicieron del odio y de la intransigencia su bandera. Trece años después, en la ciudad de Jaca el 3 de agosto de 1949, un grupo teatral representaba “Doña Rosita la soltera”, una obra de Lorca que puso los pelos de punta a los guardianes de los principios del régimen. Y hoy, admirando a aquella gente por su valentía y su compromiso con la literatura, nos podemos preguntar cómo lo lograron. Y en ese momento salen a la palestra algunos nombres de gentes que ayudaron a que las palabras de García Lorca pervivieran por encima de los ruidos de los fusiles franquistas. Debemos recordar que los ensayos se hicieron –y fue la única manera de que pudieran hacerse- en las salas del Palacio Episcopal, arriesgada y valientemente facilitadas por el obispo Bueno Monreal y su secretario el canónigo Royo Marín. Y debemos saber que, después de la valentía del obispo, la pieza teatral se logró representar -tras ser censurada por atentar contra los derechos de autor- con la ayuda política del rector Miguel Sancho Izquierdo que habló hasta con el Gobernador Civil de la provincia. El colofón es divertido, las tres mil pesetas que se sacaron en la sesión se emplearon para ayudar a las Hermanitas de los Pobres de Jaca, que atendían a los ancianos desamparados. Así se escribe la historia. Y es muy conveniente saber de las personas que en el anonimato hacen gestos heroicos, pero olvidaremos a los secretas que denunciaban que el obispo Bueno Monreal tenía reuniones singulares en su palacio. Por eso, también quiero dejar constancia de los jóvenes jacetanos y de los soldados que estaban cumpliendo la mili –que esos si se la jugaron- protagonistas de esta “Rosita la pastelera” del gran Federico García Lorca. En esa ocasión pisaron el escenario Mari Carmen Vela, Angelines Abad, Paulina Bayona, García Almagro, Isabel Lacasa, Lorenzo Echeto, Esther Gastón, Martínez Valdés, Blanquita Lanzas, Fina Sánchez, Juan Sola, Paco Orós, Pascual Albás, Cruz Lacasta, Ríos Iguácel, Teresita Ara, Matilde Calvo, Gregorio Cruz… y colaboraron el relojero Muñoz, Francisco Puértolas, José María Mengual, Luis Gil, el soldado José Peña que hizo los figurines, y María Josefa Buesa al piano.


La DGA debe proteger las pinturas rupestres de Jaraba

21 de agosto de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“En parte, el arte completa lo que la naturaleza no puede elaborar y, en parte, imita a la naturaleza” (Aristóteles)

Las pinturas rupestres encontradas el 25 de agosto de 2009 en el término municipal de Jaraba, obras de arte consideradas como un bien cultural e histórico de valor incalculable, siguen desprotegidas después de un año, a pesar de que podrían datar de hace 7.000 años y constituyen uno de los dos únicos enclaves de arte levantino de la provincia de Zaragoza, junto a unas figuras en El Plano del Pulido (Caspe) protegidas por una reja oxidada –colocada hace aproximadamente dos décadas– que no ha podido evitar que sufran serios daños por actos vandálicos.

Dichas pinturas, que tienen el rasgo poco frecuente de estar realizadas con pigmentos negros en lugar de rojos, incluyen cuatro figuras: un hombre, una mujer y dos ciervos. [1] La figura masculina, de 30 centímetros de longitud, es un arquero armado con un arco sin cuerda y flechas, que tiene sobre la cabeza un penacho con seis plumas. Mientras, la pintura de la mujer, de 22,7 cm. de longitud, no está tan bien conservada, aunque se observa que lleva un niño con un gorrito en la espalda y parece vestir una falda de picos. Por otra parte, [2] los dos ciervos miden 17,6 centímetros y miran hacia la izquierda, al contrario que las figuras humanas. Uno de ellos está en mal estado de conservación, por lo que se ha llegado a dudar si realmente era un ciervo o una cabra, pero sobre el otro no hay dudas, dado que la cornamenta se aprecia perfectamente.

Así, a día de hoy, mientras la DGA afirma que después del estudio de las figuras y la revisión de la zona, en el que se ha elaborado un informe que advierte de la importancia del hallazgo y la necesidad urgente de protegerlo, se está llevando a cabo un plan de protección, cualquier persona podría acceder a estos históricos dibujos, que ahora mismo sólo están protegidos por la difícil accesibilidad de la zona y, con buen criterio, la escasa información que se ha dado sobre su localización exacta, un abrigo –covacha natural poco profunda– descubierto por un vecino de la localidad.

Por el momento, sólo queda esperar a que la Consejería de Cultura de la DGA, de la que dependen las pinturas, y la de Medio Ambiente, que también tiene que dar su visto bueno al proyecto, decidan actuar. Aunque, según se indica desde el Consistorio de la localidad jarabeña, el Gobierno de Aragón cree que lo más viable es poner una reja, pero que ahora no se puede hacer porque hay que soldar y nos encontramos en época de riesgo de incendios. Y esto es, además de una necedad, una nociva solución que no evitará que vuelva a suceder lo mismo que ya ha ocurrido con las figuras de El Plano del Pulido.


Ordesa y Monte Perdido, Parque Natural desde 1918

19 de agosto de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

Vía GEA | Situado en el corazón del Pirineo Aragonés, el Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido, un espacio natural protegido que se extiende entorno al macizo de Treserols, fue declarado hace 92 años (y tres días) como parque junto al de Covadonga de Asturias, y cuenta con más de 16.000 hectáreas de superficie, estando integrado en la comarca del Sobrarbe, así como con la cesión de territorios al área protegida por parte de cinco términos municipales: Bielsa, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin, Torla y Broto. En 1977, el parque se incluyó dentro de la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala, declarada por la UNESCO y, ya en 1982, se consiguió la ampliación del parque, lo que supuso la cancelación definitiva del proyecto hidroeléctrico que afectaría al Cañón de Añisclo.

Desde la antigüedad, este macizo ha sido objeto de la atención de geólogos, botánicos, zoólogos, espeleólogos y montañeros por los numerosos alicientes que ofrece la singular naturaleza de su geología, la variedad de su flora y las peculiaridades de su fauna. El Monte Perdido, máxima altitud con sus 3.348 m. del macizo de las Tres Sorores, domina los cuatro valles principales: Valle del Arazas (Ordesa), Cañón de Añisclo, Garganta de Escuaín y valle de Pineta. Así, desde el punto de vista geológico se debe destacar el macizo de Gavarnie-Monte Perdido, que ha sido calificado como «un inmenso poema geológico», y así lo definió el geólogo francés L. Ramond de Carbonnièrs, que alcanzó su cumbre en 1802, descubriendo –en los alrededores del lago de Tucarroya– cantidad de fósiles marinos que confirmaban que el Monte Perdido fue un antiguo fondo marino durante la era secundaria.

El agua, debido a su torrencialidad y fuerza erosiva, ha modelado bellas cascadas y profundas cavidades como la Cola de Caballo, las gradas de Soaso, el magnífico Cañón de Añisclo o la Garganta de Escuaín. Además, cuenta con unas magníficas cimas lideradas por el Monte Perdido, aunque también existen otros que superan los 3.000 metros, como es el caso del Cilindro (3.322 m.), Marboré (3.250 m.), el Soum de Ramond (3.263 m.) o el Taillón (3.144 m.). El hielo que se forma durante los meses de invierno ha provocado formaciones geológicas de gran interés como la gruta helada de Casteret, con hielo fósil en su interior; y sima de la Punta de las Olas (junto al monte Perdido), que es la cavidad a mayor altura del mundo (3.007 metros).

La vegetación es muy variada, debido a la diferencia de altitudes y orientación, siendo ejemplares muy apreciados por los botánicos la Edelweis (Leontopodium alpinum), que es una flor de nieve protegida por hallarse en peligro de extinción, o el Rododendro (Rhododendron ferrugineum). El bosque supera el 18% de la superficie total y tapiza las vertientes inferiores de los valles llegando hasta los 1.500 metros, distribuyéndose las especies según la orientación de cada valle. Asi, en Ordesa, de clima frío y húmedo, dominan las hayas, mientras que en Pineta, más árido, destacan los pinares de pino silvestre. En Añisclo y Escuaín el bosque es submediterráneo y está dominado por encinas y quejigos en las partes más altas y bosque de ribera en torno a los cauces.

La fauna también es muy variada, habiendo tenido aquí su último refugio una especie ya extinguida (en 2000) como el Bucardo (Capra Pyrenaica Pyrenaica), considerada como la especie emblemática del parque. Entre otras especies, también destacan el Quebrantahuesos (cuya Fundación para su conservación cumplió 15 años el pasado 2 de agosto), el Buitre Leonado, el Águila Real, el Tritón Pirenaico, la Nutria, la Marmota o el Sarrio.

En definitiva, el Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido posee unos valores únicos que quedan atestiguados con las más de 650.000 visitas que recibe este espacio a lo largo del año y que, por supuesto, nadie debería perderse.