1. Lectura del acuerdo corporativo por el Ilmo. Sr. D. Javier Sauras Viñuales.
2. Discurso laudatorio pronunciado por el Ilmo. Sr. D. Juan Antonio Cremades.
3. Interpretación al órgano por el maestro D. Antonio Baciero.
4. Clausura del acto por el Excmo. Sr. D. Domingo J. Buesa Conde.
Mosen Leminyana falleció el pasado 18 de noviembre de 2009 en la ciudad de Barbastro, siendo, como diría Domingo Buesa, “una de las figuras más notables de la vida eclesial del Aragón oriental, de esas tierras que en el pasado fueron la frontera con el viejo territorio condal barcelonés y que en el presente han vivido la necesidad de recuperar su propia identidad y recuperar los bienes que el obispado de Lérida se les llevó por la fuerza de la legislación canónica y que, ahora, no quiere devolver en cumplimiento de esa misma legislación canónica”.
El primer destino de este sacerdote barcelonés fue Tamarite de Litera y, más adelante, Peraltilla, Azara y Azlor; pero, al pasar estos últimos a la Diócesis de Huesca, se le destinó a San Esteban de Litera, donde permaneció hasta 1970, labor que compaginaba con su cargo de Delegado Episcopal de Cáritas, en el Obispado de Lérida. Tras ello, al quedar vacante la parroquia de Roda de Isábena, le propusieron el puesto y, lo que parecía ser provisional, se convirtió en su vida.
La noche del 6 al 7 de diciembre de 1979, la localidad de Roda y, especialmente, su párroco, sufrieron uno de los peores sucesos de su historia; se saqueó la antigua catedral perdiendo gran parte de sus bienes. El responsable fue René Alphonse Van Den Berghe, más conocido por Erik ‘el Belga’, poseedor de un amplio currículum como ladrón de obras de arte, quien fue detenido poco tiempo después y trasladado a la cárcel Modelo de Barcelona. Desde allí se puso en contacto con Leminyana para advertirle del peligro que corrían esos bienes y, más concretamente, la silla de San Ramón, reliquia del siglo X-XII, actualmente recuperada y expuesta en Roda de Isábena.
Fundador de la Colonia de Obarra y amante del arte y la arquitectura románica, Leminyana consolidó y restauró, a título personal, las parroquias de El Soler, Torrelabad, Monte de Roda, Puebla de Roda y Serraduy, así como realizó obras en la parroquia de Roda de Isábena y otros proyectos en ermitas, como es el caso de la Virgen de la Faja.
Por todos estos motivos, en julio de 2001, se le otorgó la encomienda de Alfonso X el Sabio, de manos del Delegado de Gobierno en Aragón, Eduardo Ameijide, en reconocimiento a la labor efectuada en la reconstrucción y restauración del patrimonio aragonés. Y, en 2008, el reconocimiento le llegó por parte de la Real Academia de San Luis, cuyos miembros lo nombraron académico de honor. Así, el sábado será un nuevo capítulo en recuerdo de “una de las figuras más notables de la vida eclesial del Aragón oriental…”, y os esperamos allí…


Según fuentes de la
El Padre Boggiero nació en Celle (Italia) hace ayer 258 años (5 de Abril de 1752) pero, llamado por su hermano mayor Andrés, oficial de los ejércitos españoles, vino a Zaragoza en su infancia obedeciendo a los deseos de su familia, que le destinaban a la carrera de las armas, aunque su vocación sacerdotal la condujo por distintos derroteros. Así, a los 16 años, entró en el colegio Escuelas Pías, recién fundado de Zaragoza por el obispo Tomás Crespo de Agüero, terminando los estudios, destacando como predicador eminente y sacerdote ejemplar, sobresaliendo en las aulas de Retórica, Filosofía y Teología.
Los Marqueses de Lazán y de Callizar, padres de los Palafox, consiguieron que Boggiero obtuviese permiso para trasladar su domicilio al palacio de los Marqueses, siendo el profesor de sus tres hijos: Luis, Francisco y José, a quienes preparó para su ingreso en la milicia, cumpliendo a conciencia su cometido y captando además el afecto de sus tres discípulos, e iniciando la que sería una trascendental relación personal con José, el futuro general y duque de Zaragoza.
Desde que José Rebolledo de Palafox llegó a la ciudad, con el intento de levantar el reino de Aragón contra los franceses, Basilio Boggiero fue su consejero, ya que el general le veneraba, acostumbrado desde su niñez a oírle, siendo la única persona capaz de convertir en docilidad su nativa obstinación. Al padre Boggiero se le atribuyó el famoso manifiesto de 31 de Mayo de 1808, en el cual declaraba la guerra a Francia y hacía responsable desde al Emperador hasta al último francés de la vida y seguridad de Fernando VII. Acompañó a Palafox en los combates, incluso en las discutidas salidas de la ciudad en la primera defensa (15 de junio y 4 de agosto de 1808) y, de regreso a Zaragoza el 11 de agosto, cayó en manos de los franceses y fue conducido a Torrero, donde Lefébvre le devolvió el día 13 de dicho mes, horas antes de levantar el asedio.
Estas circunstancias, y hasta el sermón gratulatorio después del triunfo de los zaragozanos en el primer asedio, daban a la influencia de Boggiero sobre Palafox una importancia inmensa, positivamente exagerada. De esta manera, el capitán francés Daudevard de Ferrusac, en una carta que lleva fecha de 14 de febrero de 1809, describió la situación con estas palabras:
“Todos los que desertan de la plaza son suizos; apenas se han pasado dos españoles. Ayer llegó a nuestros puestos avanzados una guardia entera de cincuenta hombres, con armas, bagajes y su oficial al frente. Nos aseguraron que la ciudad estaba dividida en dos fracciones; que los frailes lo dirigían todo; que el general Palafox era un hombre muy amable, querido de los soldados, y que no hacia nada sino por consejo del padre Basilio”.
Tales eran las noticias que corrían sobre la importancia de Boggiero por el campamento francés, que la entrada de Lannes en Zaragoza fue su sentencia de muerte. Y así se sentencia en los dos siguientes textos:
“Tres días después de la capitulación, a la una de la noche, llamaron de un cuarto inmediato al de Palafox, donde dormía, a su antiguo maestro D. Basilio Boggiero, y al salir se encontró con el alcalde mayor Solanilla, un capitán francés, y un destacamento de granaderos, que le sacaron fuera sin decirle donde le llevaban. Tomaron al paso al capellán D. Santiago Sas, que se había distinguido en el segundo Sitio tanto como el anterior, despidieron a Solanilla, y solos los franceses marcharon con los dos presos al Puente de Piedra. Hirieron primero a Sas, y no se oyó de su boca, como tampoco de la de Boggiero, otra voz que la de animarse recíprocamente a muerte tan bárbara e impensada. Contólo así después y repetidas veces el capitán francés encargado de la ejecución, añadiendo que el mariscal Lannes le había ordenado los matase sin hacer ruido. A tal punto el vencedor atropelló en Zaragoza las leyes de la guerra y los sagrados derechos de la humanidad.” (Conde de Toreno (Historia de la Revolución & Libro VII). Del libro “Obelisco Histórico” del general de brigada M.Salas).
“Le arrancaron violentamente de su convento a media noche, y no se había sabido más de el. Dicese, que le propusieron debía emplear sus talentos al lado del Rey José y que contestó “que su conciencia no se lo permitía”; por lo que le mataron a bayonetazos, y le arrojaron desde el puente al Ebro. Efectivamente, yo he visto un cuerpo sobre el agua, que me aseguraron era el suyo. Esta fue una venganza tanto más horrorosa cuanto que por la capitulación se había ofrecido respetar indistintamente las personas y propiedades.” (Diario de Daudevard de Ferrusac, capitán francés. Del libro “Obelisco Histórico” del general de brigada M.Salas).
Tras la capitulación de la ciudad, fue asesinado junto a Santiago Sas el 22 de febrero de 1809, rompiendo así Lannes su promesa de respetar la vida de los rendidos. Tras sus asesinatos, los franceses tiraron ambos cuerpos al río Ebro desde el puente de Piedra; motivo por el que hoy existe una cruz sobre el puente recordando dichos sucesos.
Hoy, en este primer domingo después de la primera luna llena de primavera en el que los cristianos de todo el mundo celebran la resurrección de
El pasado martes, día 30 de marzo, tuve la satisfacción de acudir a 
El motín de
La imagen principal del artículo corresponde a la pintura de Francisco de Goya, a quien se homenajeó anteayer en Fuendetodos por el 264 aniversario de su nacimiento -hablaré de ello en mi próxima entrada-, titulada “Motín de Esquilache”.

