Archivo para el mes de abril de 2010

La Historia como ‘vértebra determinante’ de España…

30 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

Ayer tuve la ocasión de asistir a un almuerzo-coloquio, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) y la Fundación Bancaja, en el que el ministro de Educación, Sr. D. Ángel Gabilondo, impartió una conferencia, titulada “La dimensión social de la Educación”, que tuvo algunos titulares interesantes, aunque la mayor parte del tiempo se rigió por un sentido común que, después, no vemos fructificado con hechos desde el Gobierno de España.

Así, el ministro aseguró estar abierto a posibles modificaciones del texto que presentó recientemente para alcanzar un pacto social y político, advirtiendo, por ejemplo, que no descarta que el profesorado adquiera rango de autoridad pública, mostrándose dispuesto a “estudiar lo que sea necesario” si el refuerzo de la dimensión del docente “solo puede hacerse desde una disposición legal”.

Pero como ya están los medios de comunicación para informar al detalle sobre lo acontecido ayer en el Hotel Meliá Zaragoza, hoy sólo quiero hacer referencia a un tema que a los aragoneses nos toca muy de lleno, la Historia de Aragón en las escuelas, que también tuvo su momento de gloria en esta conferencia, aunque sólo fuera por la pregunta que realicé en el tiempo del coloquio.

De esta manera, la pregunta que propuse fue la siguiente: “¿Cómo puede ser la educación la “vértebra determinante” de la UE cuando en España no somos capaces de unificar nuestra propia Historia por intereses político-sociales? (P.E. Corona de Aragón)”. Una cuestión que, en realidad, abrió el propio ministro cuando indicó que, con la presidencia de España en la Unión Europea, había que trabajar por que la educación fuera la “vértebra determinante” que uniera a los europeos.

Pero, si la situación que estamos viviendo es ya muy amarga de por sí, lo más deplorable, para una figura como la suya, fue su respuesta, en la que indicó que “en España todos los libros de texto de las editoriales son iguales siempre”, añadiendo que “nos sorprenderíamos felizmente si cogiéramos libros de texto de otras CC.AA. y viéramos su grandísima semejanza”. Un hecho que, como sabemos bien los aragoneses, es rotundamente falso e hiriente para los que formamos parte de esta histórica tierra.

Aunque, leyendo hoy la prensa aragonesa, es fácil entender esta situación, ya que ningún medio se ha hecho eco de la trascendente respuesta –que nos afecta a todos– del ministro que miró hacia otro lado en un asunto de vital importancia, y que cada día podemos comprobar no sólo en la educación de nuestros jóvenes, sino también en las manifestaciones de los líderes políticos catalanes, confundiendo (por ignorancia y/o mala educación) a los reyes de la Corona de Aragón, por poner un ejemplo reciente.

En consecuencia, tras el almuerzo, tuve la ocasión de departir unos minutos con el Sr. Gabilondo, a quien recriminé –como aragonés fiel a mi tierra y a nuestra Historia– su respuesta. Un hecho por el cual, dado su manifestado desconocimiento en la materia, me solicitó un informe acerca de este asunto que tanto nos debe importar a los herederos de una tierra que ha sido siempre imprescindible para el devenir de los tiempos.

Por ello, me gustaría contar con la colaboración activa de todos vosotros para elaborar este informe…


Basilio Paraíso, un enérgico defensor de lo aragonés

29 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

En este día, en que se cumplen ocho décadas de la pérdida humana de Basilio Paraíso, es importante recordar la historia de este oscense defensor de Aragón, cuyo pasado definía como una permanente ‘lección’, que fue distinguido por la corporación municipal con el título de hijo adoptivo de la ciudad de Zaragoza por su destacada participación en la organización la Exposición Internacional Hispano-Francesa de 1908, conmemorativa del I Centenario de los Sitios.

Basilio Paraíso, nacido en Laluenga (Huesca) en 1849, siguió enseñanzas en el Instituto de Huesca, trasladándose posteriormente a Zaragoza con la intención de proseguir en ella sus estudios, pero bien pronto hubo de abandonarlos por necesidades económicas, motivo por el que comenzó a trabajar en distintos oficios hasta colocarse como escribano de actuaciones en el Juzgado del Pilar de la capital aragonesa. Así, y aprovechando la libertad de enseñanza reconocida por la Revolución de 1868, obtuvo la licenciatura en Medicina por la Universidad zaragozana, aunque no era aquélla su vocación, ya que él estaba muy interesado por el mundo de los negocios, hecho por el que estableció, en el año 1876, un taller de fabricación de espejos y una tienda para la venta de los mismos, creando para ello una sociedad –con Tomás Colandrea– conocida como La Veneciana, que adquirió en los últimos años del siglo XIX una notable proyección nacional que obligaría a la apertura de nuevos establecimientos en las ciudades de Madrid y Sevilla.

Defensor del ideario republicano desde su juventud, accedió a puestos directivos de las más relevantes instituciones económicas locales: Centro Mercantil y Cámara Oficial de Comercio y la Industria, llegando a la presidencia de esta sociedad en 1893, cargo que desempeñaría hasta 1919, en que presentó su dimisión, tanto por problemas de salud como por el hecho de haber fijado definitivamente su residencia en Madrid, aunque continuó como presidente honorario hasta el año 1930. Dos años más tarde, en 1895, intervendría, como accionista fundador, en la creación de la sociedad editorial Heraldo de Aragón, a cuyo consejo de administración perteneció como vocal.

En la perspectiva regeneracionista ha de situarse la celebración de la Asamblea de las Cámaras de Comercio, en Zaragoza, a finales de noviembre de 1898, bajo la presidencia de Basilio Paraíso, coincidiendo de hecho con el Mensaje-Programa elaborado –ese mismo mes en Barbastro– por la Cámara Agrícola del Alto Aragón, de la que era presidente Joaquín Costa. Así, la convocatoria de una nueva asamblea por parte de la Cámara Agrícola del Alto Aragón en febrero de 1899, anunciaba el encuentro de las llamadas fuerzas vivas de la nación en un intento por coordinar y hacer más efectiva la acción regeneradora. Surgió así la Liga Nacional de Productores que al año siguiente, en Valladolid, se integraría con las Cámaras de Comercio, y se constituyó Unión Nacional, cuyo directorio compartirían Paraíso, Costa y Alba, y que significó –una vez decidida la participación de la nueva fuerza política en la lucha electoral– para Paraíso la obtención, en 1901, de un escaño en el Congreso de los Diputados.

En esta etapa inicial del reinado de Alfonso XIII se organizó en Zaragoza, el año 1908, la Exposición Internacional Hispano-Francesa conmemorativa del I Centenario de los Sitios. La destacada participación de Paraíso en la organización de este certamen fue premiada por la corporación municipal con su nombramiento como hijo adoptivo de la ciudad, siendo designado paralelamente por el gobierno de la nación como senador vitalicio.

En la década de 1920, a pesar de su avanzada edad, continuó desarrollando una notable labor, principalmente en la dirección del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación, y como vocal del Consejo Superior Ferroviario, sumada a continuos artículos y colaboraciones en la prensa madrileña. Enemigo de homenajes y condecoraciones, falleció en Madrid a la edad de 81 años, siendo durante toda su vida un ardiente defensor de todo lo aragonés, cuyo pasado definía como una permanente ‘lección’, no considerando admisible el descuido que en las escuelas se tenía sobre la lectura y explicación de la historia aragonesa.


San Jorge, el defensor de Aragón…

23 de abril de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Artículo que he publicado hoy en el Extraordinario del Día de San Jorge en el “Diario del Alto Aragón”

He escrito muchas veces sobre la historia de este santo tan aragonés como universal, que no me encuentro con ganas de hacerlo sólo para reiterarles una relación de noticias que hablan de cómo este soldado de Capadocia se ha convertido en un referente de esta tierra que se llama Aragón. Pero, sin embargo, nos obliga a retomar el asunto la lealtad que debemos los aragoneses a nuestra historia. Porque, hoy, nos invitan a recordar estas noticias documentadas episodios que nos ha tocado vivir con la historia de unas obras de arte que no nos quieren devolver, contra el mismo derecho que sus captores alegaron, o con las patéticas reflexiones de un consejero catalán sobre el pobre Pedro III de Aragón, que ahora no sabemos si se refiere a Pedro II en la obediencia de la Generalitat o acaso Pedro I en la obediencia de El Palmar.

Bromas aparte, está claro que estamos en tiempos de comprometerse con la defensa de lo nuestro, de comprometerse con este proyecto común que tiene un nombre que hunde sus raíces en el siglo IX desde el nacimiento del condado; que se presenta como uno de los estados vertebradores de la Europa del románico –en el siglo XI- desde el Reino de Aragón; y que se proyecta al mundo con la Corona de Aragón, un proyecto de consenso construido por los reyes aragoneses nacidos en el entorno de la Huesca del siglo XII. Es, como vemos, un largo recorrido que está plena y solidamente documentado, aunque no faltan versiones partidistas hechas por sicarios al servicio del poder, como aquel archivero catalán que se inventó lo de la Corona catalanoaragonesa para tener la relevancia que no le dieron sus investigaciones.

Y para seguir afirmando la necesidad actual de defender lo aragonés, es bueno que nos fijemos en la mítica estela de san Jorge en la página oficial de la Generalitat de Cataluña. En ella se le vincula sólo a Capadocia, silenciando todas las referencias históricas aragonesas salvo anotar que las cortes catalanas lo declararon “patrón de Cataluña”, para concluir diciendo que se celebra en otras partes del mundo, excluido Aragón. Una vez más, nos enfrentamos a la tragedia de aquellos que necesitan estar construyendo su historia desde la mentira, porque en el fondo padecen un evidente complejo de inferioridad, tal como decía el profesor Antonio Ubieto. Mentiras a real el kilo, porque este santo, en la página dedicada a las tradiciones catalanas, está vinculado a la comarca del Ripollés, donde tienen el atrevimiento de decir que se inicia su culto en el siglo X, para ir después a estar en la conquista de Baleares y en la de Barcelona… Para concluir diciendo “años más tarde su culto llegó a los limites del Aragón”. Para estos autores catalanes, el problema es quizás que san Jorge no les llamó al móvil cuando estuvo en Huesca y no se enteraron.

No obstante, dicen los libros que su historia arrancaba en los campos de Alcoraz, en plena conquista de Huesca el año 1096, cuando apareció “con armas blancas y resplandecientes” en ayuda de las tropas aragonesas del rey Pedro I. Era el comienzo de una larga convivencia, de múltiples encuentros siempre que Aragón lo necesitara, como ocurrió cuando Pedro IV inicia la marcha contra Castilla y ordena a sus soldados que portasen “señeras con la señal de san Jorge”. Y, al final, fue convertido en Patrón del reino por decisión de Juan II, en pleno siglo XV.

Son tres datos para constatar que este soldado romano, convertido al cristianismo, se había convertido en el gran protector de la Corona de Aragón y que todos los estados que estaban gobernados por el rey de la Casa de Aragón –el condado catalán, el reino de Valencia, el reino de Mallorca, o el propio reino de Aragón que daba título y nombre a la Corona- lo consideraban así. Y lo festejaban en el día de su muerte, el 23 de abril al mediodía, a la hora sexta como decían las viejas crónicas, por todo lo alto. Un día que, por si tenía pocos patronazgos, acabaría convirtiéndolo en compañero de escritores y editores.

Y es que san Jorge, el señor san Jorge, Patrón de Aragón, convive con el libro porque su día se declaró por la Unesco como Día Internacional del Libro y de los Derechos de Autor, en 1995, después de que Miguel de Cervantes y William Shakespeare tuvieran el acierto de morir el 23 de abril, fecha que un real decreto de Alfonso XIII convirtió en el día de la Fiesta del Libro Español a propuesta de un escritor valenciano, del republicano Vicente Clavel Andrés. La relación de celebrar san Jorge con un libro, compañero de la rosa o del zaragozano y dulce Lanzón, enriquece la fiesta y permite que su feria sea también una manifestación de la conveniencia de conocer lo nuestro, de leer, de estar informados para poder argumentar y tener criterio.

Pero, si su proyección saltaba al mundo de las letras, san Jorge fue apeado por el papa Pablo VI que consideró, cuando se hizo revisión de los datos que sustentaban a cada uno de los santos, que había que eliminarlo del santoral de la Iglesia Católica, dejando su culto algo así como opcional. Se abría una nueva etapa que se caracterizó por no haber ningún cambio. La devoción popular no decayó y sus valores como elemento protector de los pueblos o como símbolo de la lucha contra la tiranía, que en el medievo representó el dragón que derrotó, siguieron igual o creciendo. Nada ha cambiado en Inglaterra, donde Eduardo III lo proclamó patrón de la nación en 1344. Nada ha cambiado en Rusia donde es celebrado como Patrón de ese territorio por la Iglesia Ortodoxa, por cierto el 3 de noviembre. Y nada ha cambiado en la espiritualidad, con halo de misterio, que se vive en la iglesia templaria rupestre de Bet Giyorgis, en Etiopia, dedicada a este santo y en la que creen se custodia el Arca de la Alianza que recorrió el desierto con el pueblo elegido.

Por eso, aquí tenemos la tarea de lograr que la historia no cambie, que se respete lo que sabemos y que se vaya incrementando esos saberes con la investigación científica no con el quehacer ilegitimo de los servidores del poder. E incluso el problema será valorar si aquí ha cambiado algo, si ese descalabro pontificio a la figura del patrón de Aragón ha supuesto un deterioro de san Jorge como referente. O acaso, si el cambio viene desde otros horizontes…


¡Feliz día de San Jorge! ¡Feliz día de Aragón!

23 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“La adversidad no puede con el hombre valiente” (Lucio Anneo Séneca)

Hoy es un día especial para los aragoneses, puesto que celebramos la festividad de San Jorge, al igual que el Día de Aragón como todos los 23 de abril desde 1.461, año en que fue declarado como festivo para todo el reino, por medio de las Cortes que se oficiaban en la localidad zaragozana de Calatayud, siendo el texto –con el cual acordaron los diputados dicha festividad– el siguiente: “E assimesmo ordenamos que la fiesta del glorioso Martyr Señor Sant Jorge, que caye a XXIII dias de Abril, sia en el dito Regno inviolable é perpetuamente guardada, observada, e celebrada solemnement, bien assi como los dias del Domingo é otras fiestas mandadas guardar”.

Cuenta la leyenda que la figura de San Jorge, pese a que muchos investigadores eclesiásticos hayan demostrado que nunca existió, es la de un soldado que nació en las tierras turcas de Capadocia, que mató a un dragón en tierras Libias que atacaba a diestro y siniestro al reino de un pueblo que decidió que, para evitar los ataques, entregarían a una persona cada día para ser devorada por el dragón y así evitar daños mayores. Así, cada día se hacía un sorteo y se enviaba a dicha persona a la cueva del dragón. Un día del sorteo salió el nombre de la princesa, la cual fue voluntariamente, aunque muchos se ofrecieron en su lugar. Fue caminando hasta la guarida del dragón y, cuando éste la iba a devorar, apareció San Jorge, quien mató al dragón clavándole la espada en el corazón, de cuya sangre que fluyó nació una rosa, y la rescató.

Y, pese a esas investigaciones que niegan su existencia, es necesario recordar que dichas leyendas vinculan a San Jorge con la batalla de Alcoraz, que tuvo lugar en las cercanías de Huesca en el año 1.096, en la que el ejército aragonés asediaba la ciudad, dirigido por el rey Sancho Ramírez, desde el campamento establecido en el cerro. Esa batalla, que permitió la conquista de Huesca, quedó trabada cuando llegaron las tropas musulmanas desde Zaragoza, perdiendo la vida el rey, pero, con la llegada de San Jorge sobre un corcel blanco y con una cruz roja en su escudo –esa cruz que aparece en el escudo histórico de Aragón–, los cristianos ganaron aquella batalla, tras la que se rindió la ciudad al rey Pedro I.

Así lo escribió Diego de Aínsa en “La batalla de Alcoraz” (1.619): “…invocando al Rey el auxilio de Dios nuestro señor, apareció el glorioso cavallero y martir S. George, con armas blancas y resplandecientes, en un muy poderosos cavallo enjaeçado con paramentos plateados, con un cavallero en las ancas, y ambos a dos con Cruces rojas en los pechos y escudos, divisa de todos los que en aquel tiempo defendían y conquistavan la tierra Santa, que aora es la Cruz y habito de los cavalleros de Montesa.

Y haziendo la señal al cavallero que se apeasse, començaron a combatir ambos a dos tan fuerte y denodadamente contra los Moros, dandoles tan mortales golpes, el uno a pie, y el otro a cavallo: que abriendo carrera por do quiera que yuan, recogían y acaudillavan los Christianos. El cavallero que traxo el santo martir, dize la historia de S. Iuan de la Peña alegada por Çurita, que era Aleman, al qual en aquel día y hora peleaba en Antiochia con los demas cruzados, mataron los moros el cavallo, y lo rodearon para matarle; y a este punto le apareció el gloriosos S. George, sin que el buen cavallero Aleman entendiese ni supiese quien era … y ayudole a subir en las ancas de su cavallo, y sacole de su batalla, y subitamente lo transporto a Aragón, al lugar donde era la batalla del Rey don Pedro con los Moros, y señalole que se apeasee y peleasse….

Espantaronse los enemigos de la fe viendo aquellos dos cavalleros cruçados, el uno a pie, y el otro a cavallo: y como Dios les perseguía empeçaron de huyr quien mas podía. Por el contrario los Christianos, aunque se maravillaron viendo la nueva divisa de la Cruz: pero en ser Cruz se alegraron, y cobraron esfuerço hiriendo en los Moros: y assi los arrancaron del campo y acabaron de vencer”.

¡¡FELIZ DÍA DE SAN JORGE!! ¡¡FELIZ DÍA DE ARAGÓN!!


El buen Ramiro II “el Monje”

22 de abril de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Ramiro II de Aragón, el conocido como rey monje por su condición de clérigo, gobernó el reino aragonés desde 1134 a 1157, sucediendo a su hermano Alfonso el Batallador que murió sin descendencia y dejando un disparatado testamento que logicamente no aceptaron ni los nobles ni las ciudades. Fue Jaca la primera ciudad que lo eligió como rey y tras ella fueron muchas las que intentaron evitar que las tierras aragonesas pasarán a ser propiedad de las órdenes militares que habían sido nombradas herederas. Este monarca, al que se le reía gran parte de la nobleza por su cojera y su falta de formación militar, supo hacerse con el control y poner orden en una sociedad complicada que siguió sintiéndose segura en manos del heredero de la Casa Real de los Aragón, los fundadores de este reino.

AL DECIR RAMIRO II…

… Hablamos de un aragonés que nació el 24 de abril de 1086 y que murió el 16 de agosto de 1157, de un miembro de la familia Aragón que fue rey desde 1134 a 1157, de un infante que fue monje y obispo, de un padre que quiso asegurar el futuro de su hija.


Sentirnos aragoneses…

22 de abril de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

En esta semana que celebramos la festividad de San Jorge, momento en el que baja un poco la acción diaria y aumenta la dimensión protocolaria, quiero dedicar ese tiempo que excuso de actos públicos y cuchipandas a escribir reflexiones sobre los personajes claves, sobre los protagonistas de ese singular siglo XII en el que el viejo reino pirenaico de Aragón se vió en la texitura de proyectarse al mundo generando la Corona de Aragón. Detrás de todo, la profunda responsabilidad de una familia real que no quería dar carpetazo a la historia de una tierra triunfadora, el firme compromiso de unos hombres y unas mujeres por seguir adelante creando futuro. Ellos y ellas, gentes de la familia Aragón, tienen rostros y miradas. Y a esas presencias que triunfaron sobre la muerte vamos a dedicar algunos minutos de este tiempo que nos toca vivir, un tiempo en el que -como bien ha dicho el presidente de las Cortes de Aragón, señor Pina, en el discurso institucional- es obligado defender a Aragón desde la verdad y desde la lealtad al pasado. Esa es la tesis que yo vengo defendiendo desde hace varios años, la misma tesis que sigo defendiendo y la tesis que seguiré defendiendo. Y lo hago desde el convencimiento de algo muy básico: como aragonés debo ser leal a esta tierra, a sus gentes que son las mias, entre las que estoy yo y para las que merece la pena trabajar, cada uno desde el puesto que ocupe y tenga el cometido que tenga. Esta empresa nos necesita a todos. Vamos pues a viajar en el tiempo, como si fuera un Caballo de Troya…


Radio Zaragoza, 72 años informando a los aragoneses

19 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“Una democracia es más sólida cuanto mayor volumen de información de calidad puede soportar” (L. Armand)

Vía GEA | Radio Zaragoza, la emisora decana de Aragón, cumple hoy 72 años de trabajo por llevar la información de Aragón a todos los puntos de la Comunidad. Puede señalarse que los primeros antecedentes radiofónicos en Zaragoza se sitúan en la estación de radioaficionado que funcionaba el año 1930 en el paseo de Sagasta, con una interesante labor en cuanto a servicios de socorro y similares; pero la verdadera emisora de comunicación general nacía en 1933, al amparo del decreto de diciembre del año anterior, que autorizaba la instalación de estaciones de radio, con potencia limitada a los 200 wts., siendo un grupo de entusiastas zaragozanos los que consiguen inaugurar Radio Aragón EAJ 10 (una de las primeras de España), llevándose su instalación al número 67 del Coso.

A primeros de 1937, se autoriza una emisora de 30 Kw. en antena (la de mayor potencia entonces en España), resultando así la nueva Radio Zaragoza EAJ 101, levantándose –con rapidez– para ello un nuevo edificio en la parte alta de Casablanca, situando los estudios provisionalmente en los bajos de la Facultad de Medicina (plaza de Aragón) y la dirección y oficinas en la plaza de España.

El Consejo de Administración quedó formado por Jesús Muro Sevilla, presidente; José Sinués y Urbiola, vicepresidente; José María Monterde Pérez, secretario; y los consejeros Florentino Azpeitia (que lo era ya de Radio Aragón), Cipriano Gutiérrez Tapia, Pedro Hernández Luna, Francisco Jordán de Urriés y Manuel Serrano Sancho; así como Ángel Bayod Usón, director gerente; Julio Bayona López, director ingeniero técnico; y José Perlado Cadavieco, director de estudios.

El 17 de diciembre de 1937 comenzaba el período de prueba de la emisora, siendo totalmente satisfactorios los controles recibidos, de los que los más lejanos fueron desde Varsovia (2.000 km.) y desde Reading, Massachusetts (EE.UU.), 5.770 km. La inauguración oficial fue el 19 de abril de 1938, presidida por el entonces jefe del Estado Español, Francisco Franco Bahamonde.

A la pareja de locutores, ya populares, formada por Ángel López Soba y Pilar Ibáñez Pascual, se sumó la de Aurora Royo (figura religiosa destacada en la Congregación de los Colegios de Jesús-María) y Ángel Soler, rápidamente popular también en toda nuestra región y resto de España.

Todo lo regional ha tenido y tiene especialísima atención en esta emisora, atendida en muchas de sus facetas por la colaboración brillante de los catedráticos Ricardo del Arco, Antonio Beltrán Martínez y los especialistas en lo aragonés Demetrio Galán Bergua y Emilio Ostalé Tudela ‘Ostilio’.

En 1954 tomó posesión de la emisora como director Julián Muro Navarro. Posteriormente, la Cadena S.E.R. se hizo con Radio Zaragoza, S.A. En la actualidad, su director es Joaquín Fernández-Carvajal Álvarez y emite tanto en O.M. (Radio Zaragoza) como en F.M. (Radio Zaragoza 2), entrelazando con su grupo de emisoras la casi totalidad de la Comunidad Autónoma de Aragón.


San Luis, conmemorando 218 años de historia académica

17 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

Tal día como hoy, en el año 1792, se fundó la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, que actualmente preside el Excmo. Sr. D. Domingo J. Buesa Conde, gracias a la labor del Conde de Aranda, quien obtuvo, tras 38 años continuos de razonadas peticiones de sus sobrinos Vicente y Ramón Pignatelli y Moncayo (hijos de los condes de Fuentes), el deseado Real Decreto de Carlos IV, gracias también al apoyo de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, fundada en 1776.

Por ello, en este día tan especial para sus señores académicos y para toda la sociedad zaragozana y aragonesa, publico a continuación un texto de Adolfo Castillo Genzor, académico de San Luis desde el 20 de noviembre de 1955 hasta el día de su fallecimiento en Zaragoza el 8 de octubre de 1988, cuyo libro editó la propia Real Academia en su CLXXXVIII aniversario, en 1980, correspondiente al apartado «Síntesis histórica»:

«La creación –en 1749– de la Real Academia de San Fernando, cuya apertura tuvo lugar en Madrid en 1752, fue el antecedente inmediato del establecimiento en Zaragoza de la Real Academia de San Luis. Mas para ésta no se presentaron las cosas tan fáciles como para la Corporación madrileña. Por lo pronto, hubo de sufrir antes un largo calvario de desdenes, de rechazos, que da principio en 1754, año en que el nombre zaragozano Vicente Pignatelli Moncayo, hijo de los condes de Fuentes, alcanzó del obnubilado y triste Fernando VI la regia licencia para organizar, y presidir, una a modo de junta preparatoria de la pretendida Academia, junta que tropezó con toda suerte de imponderables, disolviéndose al cabo de no mucho tiempo sin haber logrado nada práctico, supuesto que su entusiasmo inicial se hizo trizas ante la renuente actitud de los ministros fernandinos, cuya fobia contra Aragón neutralizó la buena disposición del monarca.

Igual resultado tuvo una segunda intentona, realizada diecisiete años después por otro Pignatelli –Ramón–, quien fracasó en 1771 por la misma causa que su hermano Vicente: el deseo de Floridablanca de hacer a Zaragoza víctima de más desplantes de metomentodo.

Más afortunado fue el tercer envite fundacional, patrocinado por el Conde de Aranda, que triunfó donde fueron vencidos sus sobrinos Vicente y Ramón, de tal suerte que pese a la oposición declarada de Floridablanca logró arrancar de Carlos IV, en 17 de abril de 1792, el suspirado decreto de fundación de la «Real Academia de las tres Nobles Artes de San Luis», conseguido al cabo de 38 años continuos de razonadas peticiones, de súplicas constantes.

En el largo intervalo transcurrido entre lo pretendido por los Fuentes y lo que Aranda conquistó para Zaragoza se produjeron en la capital aragonesa dos hechos importantes. De una parte, la fundación de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, en 1776; de otra, la de la nueva Escuela de Dibujo, que la expresada Entidad puso bajo los auspicios y dirección de su socio benemérito don Juan Martín de Goicoechea, Caballero de Carlos III y propulsor que fue de la industria textil zaragozana, quien halló acomodo decente y capaz para la Escuela en las salas bajas del palacio renacentista de los Zaporta, sito en la calle Alta de San Pedro, en el que residió no mucho antes María Teresa de Vallabriga y Drumond, viuda del Infante don Luis de Borbón y Franesio, hermano menor del rey don Carlos III. Por su gran patio plateresco, vendido al extranjero y rescatado al cabo de cincuenta y cinco años por el mecenazgo de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, se fueron habituando los alumnos de la Escuela tutelada por la Económica al quehacer artístico de los artífices más ilustres del Quinientos aragonés. Semilla y cimiento, en lo escolar y docente, de la Academia de San Luis, ésta no hubiera nacido sin la previa natividad de aquélla, cuyos profesores y alumnado quedaron encuadrados en la Real de San Luis, al inaugurar sus actividades el 11 de abril de 1793.

Se impartieron desde entonces en sus aulas las enseñanzas de Pintura, Arquitectura, Escultura y Grabado, a nivel parejo con la Academia de San Fernando, con la cual tenía relación de hermandad y reciprocidad, por funcionar ambas a nivel de las Escuelas Superiores de Bellas Artes. La de San Fernando lo conserva todavía. En cuanto a la de San Luis fue Isabel II la culpable de la peor injuria hecha al Arte y a la Cultura de Aragón, al desmontar su labor pedagógica en virtud de un real despacho que lleva la fecha de 31 de octubre de 1849. Un ministro de Fomento isabelino –Seijas– sería el verdugo que ajustició a la Real Academia de San Luis como órgano rector de cultura artística superior. Otra real disposición, la del 17 de mayo de 1850, se completaría con una tercera, la del 13 de agosto del mismo año, con respecto al número «clausus» de académicos, y también a su distribución en secciones, innovación ésta que todavía continúa, aunque con acusadas diferencias de matiz y de contenido.
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Alfonso III, un breve reinado de problemática gestión

15 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“Gobernar no consiste en resolver problemas, sino en hacer callar a quienes los plantean” (Giulio Andreotti)

Vía GEA | Alfonso III ‘el Liberal’, primogénito de Pedro III y Constanza II de Sicilia, accedió al trono de Aragón, tal día como hoy, hace 725 años, esto es, en 1285. Su corta gestión como rey estuvo mediatizada por dos problemas de gran importancia, a los que se dieron soluciones que, en modo alguno, fueron definitivas. Esos problemas pasaron por la posesión de Sicilia, entremezclada con la lucha por el equilibrio peninsular con Castilla, y la oposición de la nobleza aragonesa.

El dominio de Sicilia, donde Alfonso había gobernado antes de ser rey, desbordó el marco estrictamente aragonés, internacionalizándose al entrar en escena, por unas u otras razones, el pontificado, la casa francesa de los Anjou y los reinos de Francia, Castilla, Sicilia, Mallorca y Aragón. Antes de morir, su padre, Pedro III, había hecho prisionero al candidato pontificio para el trono de la isla, Carlos de Salerno, hijo de Carlos de Anjou. De ahí que los franceses, sus aliados, amenazaran el valle de Arán, Aragón y Gerona, ciudad ésta que –con el valle aranés– cayó en manos de Felipe III de Francia. Esta invasión fue posible merced a la ayuda que el rey Jaime II de Mallorca, tío de Alfonso III, prestó a la coalición franco-pontificia, a cuyos ejércitos dejó pasar a través de los territorios que el reino mallorquín poseía en el Rosellón, al otro lado de los Pirineos. Por otra parte, Sancho IV de Castilla dejó desamparado al aragonés al no enviar los refuerzos previamente concertados.

Como réplica, Alfonso III invadió las Baleares, mientras los franceses eran derrotados en Panissars. Y, en la lucha interna por el trono castellano, se puso de parte del infante Alfonso de la Cerda, a quien proclamó en Jaca como rey de Castilla, a la vez que atacaba militarmente a Sancho IV, tras haber concretado un tratado de amistad con los benimerines. En compensación, Alfonso de la Cerda cedía a Alfonso III el reino de Murcia, cesión que nunca llegó a ser efectiva. Y Carlos de Salerno fue liberado a condición de su renuncia al trono siciliano en favor de Jaime, hermano de Alfonso III, quien, poco después, sería su sucesor en Aragón con el nombre de Jaime II. Ante la imposibilidad de tomar Sicilia, defendida por el futuro Jaime II, el papa buscó una solución pacífica al problema con Alfonso III, llegándose a la firma del Tratado de Tarascón (1291), solución no definitiva, de ahí que poco después se tuviera que sellar el Tratado de Anagni (1295).

Por otra parte, la oposición de la nobleza aragonesa al rey fue un episodio más de la vieja lucha entre la monarquía y los nobles aglutinados en la Unión Aragonesa, que, con el pretexto de que Alfonso III se había proclamado rey antes de jurar los Fueros de Aragón, se le opusieron militarmente y amenazaron con entregar la corona a Carlos de Valois. Alfonso III tuvo que ceder otorgando el conocido Privilegio de la Unión.

Alfonso III, tras escasos seis años de intenso reinado, moría en 1291 antes de casarse con Leonor de Inglaterra, dejando el trono a su hermano Jaime de Sicilia, desde ese momento Jaime II de Aragón.


María Agustín, recordando a la heroína de los Sitios…

13 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suarez Camara    

“Puede ser un héroe tanto el que triunfa como el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate” (Thomas Carlyle)

Tal día como hoy, hace 226 años, nació en Zaragoza la heroína de los Sitios María Agustín, un personaje histórico con escasa documentación, a excepción de dos breves biografías que pueden obtenerse, amén de alguna otra publicación, en el libro “Héroes de los Sitios que tienen calle (y sus biografías)”, de José Blasco Ijazo (La Cadiera, 1959), y en un texto Nuria Marín Arruego en el número 25 de “Cuadernos de Aragón”, editado por el Instituto Fernando el Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza, y que puede obtenerse –por 12 euros– a través de su tienda virtual.

Y es éste último texto público, el de Nuria Marín, el que quiero incluir hoy en recuerdo de esa mujer a la que cada día recordamos con ese Paseo zaragozano que va desde la Puerta del Carmen hasta la Plaza de Europa:

“María Agustín nació el 13 de Abril de 1784. Hija de Antonio, natural de Bádenas, y de Catalina, nacida en Rueda de Jalón. Matrimonio de extracción muy humilde, afincado en la parroquia de San Gil donde bautizaron a María, su única hija.

A muy corta edad, la economía familiar la obliga a buscar techo y comida, a cambio de sus servicios, en una casa de la populosa barriada de San Pablo, donde conocerá a Pedro Roncal, mozo quien, al igual que ella, trabaja en calidad de criado.

El 12 de mayo de 1805, Pedro y María contraen matrimonio, instalándose en una casa de la calle Serón (Parroquia de San Gil), donde les sobrevendrán los terribles acontecimientos de la guerra.

Durante la misma, en el primer sitio, María participa activamente en labores de logística, abasteciendo a los patriotas, en los puestos de combate, de munición, comida, bebida y cuanto pudieran precisar. Será ejerciendo estas tareas y sobrepasando La Puerta del Carmen (en lo que hoy conocemos como Paseo de Mª Agustín) donde recibirá una herida en el cuello, de graves consecuencias. Ni el dolor ni la abundante sangre que manaba de su herida fueron motivo suficiente para hacer desistir de sus obligaciones a la joven heroína que continuó su cometido con admirable valentía.

Nada volvemos a saber de ella hasta localizarla entre las aspirantes a un dinero que el Secretario de la Embajada Británica, Mr. Charles Vaughan, lega a la condesa de Bureta para que esta, a su vez, lo distribuya entre los heridos, viudas y huérfanos de la guerra. En este documento, figura, entre una interminable lista, María Agustín, impedida de un balazo. El reparto se hace mediante un escrupuloso sorteo en el que María no resulta afortunada.

Será el general Palafox, en 1815, quien, atendiendo a los servicios prestados, le concederá la gracia de una pensión, consistente en dos reales diarios, y el Escudo de Distinción, concerniente al primer sitio. Añadamos a lo expuesto que, María Agustín, fue la única zaragozana inválida de guerra o «impedida de un balazo». La bala que le alcanzó el cuello le dejó inútil el brazo izquierdo, quedando, por tanto, inhabilitada para el trabajo.

En 1819, tras una larga enfermedad, muere Pedro Roncal. Pasados seis años, María contrae segundas nupcias, esta vez con Antonio Guisan. Ambos se trasladan a la Torre de Postas de Alagón, donde se les proporciona trabajo y alojamiento. Será este su último destino, ya que, María, fallece, con más pena que gloria, un 22 de noviembre de 1831, a la edad de 48 años. Su partida de defunción, dice, entre otras cosas: «No dejó hijos, no hizo testamento; enterrada como pobre de solemnidad en el fosal de San Pablo»”.