Tal día como hoy, en el año 1922, se estrenaba en el Teatro Real de Madrid el que iba a ser considerado como el mejor tenor de todos los tiempos, el aragonés Miguel Fleta, que poseía una excepcional voz de tenor que cubría desde el barítono hasta el tenor y dotada de un prodigioso ‘aire’ que le facultaba un fraseo prodigioso y una messa di voce que hacía de él un tenor con exquisito sentido de la cantilena y siendo, para mí, el gran exponente de las obras del inigualable compositor dramático italiano, Giacomo Puccini, como demuestra su participación en el estreno póstumo de Turandot, en 1926, en la Scala de Milán, bajo la dirección de Arturo Toscanini.
Tras varias tentativas, Amézola, empresario del Teatro Real de Madrid, logró contratar a Fleta para cantar Tosca, La Bohème, Carmen y Aida, en una temporada que no discurría nada bien en el aspecto económico, que conllevó una muy escasa campaña publicitaria. Pero el éxito, sin precedentes, de su debut con Carmen, el 7 de marzo, fue definitivo para enderezar la maltrecha economía del Teatro, que aún fue mayor, considerando que ocurrió en el feudo de Julián Gayarre y Giuseppe Anselmi y que, además, por indisposición de la mezzo soprano Gabriella Besanzoni, ésta fue sustituida por otra cantante menos conocida.
Así, al final del primer acto, los periodistas se lanzaron a los teléfonos para reclamar a sus directores mayor espacio para sus crónicas, como puede verse –por ejemplo– en el artículo del diario ABC, de 8 de marzo:

(Clica en la imagen para descargar la página completa en PDF) Tras su debut, en la función de gala se pagaron las entradas a diez veces su precio, estando presente toda la aristocracia de la política, del arte, de la ciencia, el mismísimo Alfonso XIII, así como la madre y hermanos del artista, que abarrotaron un Real que vivió un éxito aún mayor, si cabe, que en la primera representación. Razón evidente por la que Fleta fue llevado a hombros por la calle de Arenal y Puerta del Sol hasta el Hotel París, y no sería la única vez, así como los telegramas de felicitación del propio alcalde de Zaragoza, José Sancho Arroyo, como demuestran las páginas del diario La Vanguardia de los días 12 y 14 de marzo de 1922:

(Clica en las imágenes para descargar las páginas completas en PDF) En total, Miguel Fleta ofreció cuatro representaciones de Carmen y cinco de Tosca, con un triunfo que superó, según algunos, a los mayores de Julián Gayarre y de Adelina Patti, señalándole los críticos como la mejor voz de los últimos años, alabando la igualdad y hermosura de la misma.
Y, para finalizar este artículo, he querido subir a la Red y publicar un programa de Radio Ebro (año 2000), titulado “Los amigos del Bel canto” (de una hora de duración), que rindió emotivo homenaje a Miguel Fleta, en el cual sus dos distinguidos invitados (mi abuela Pilar Gazo y mi tío Antonio Gazo –D.E.P.–), bajo la dirección de Miguel Ángel Santolaria, ilustraron la magnificencia de su voz y recordaron la satisfacción que tuvieron de escuchar en vivo al mejor tenor de todos los tiempos:
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Muchas veces es bueno recrear los escenarios históricos para hacernos una idea más certera de los acontecimientos. Y, este acercamiento a los momentos, se puede hacer desde muchas ventanas. Hoy, al hilo de la fiesta de la Cincomarzada, vamos a intentar recuperar las figuras de las mujeres que poblaban las calles y los salones de aquella ciudad del año 1838 que sufrió un ataque carlista el 5 de marzo. Serían como esta que os aporto, con sus trajes a la moda francesa, con sus gorros y sombreros, con la elegancia y distinción que siempre ha tenido la mujer zaragozana a la que gustaba hacer una intensa vida social que tan pronto la llevaba a pasear por el paseo hacia santa Engracia, entonces el naciente Paseo de la Independencia, como a buscar la frescura del Canal en las tardes del verano…
Hoy cinco de marzo en Zaragoza recordamos, con la fiesta de la Cincomarzada, el fracaso del ataque de los carlistas a la ciudad en las contiendas que se suceden con ocasión de la Primera Guerra Carlista. Y relacionada con la reina Isabel II, contra la que los carlistas se habían levantado pues consideraban que no podía gobernar, está la segunda efeméride del día y es la concesión a Sevilla, el 5 de marzo de 1847, del Privilegio de feria que abría la posibilidad de que se creara la Feria de Abril. Y en los orígenes de este magno evento, celebrado en el barrio de los Remedios, dos personas fueron las que jugaron el papel de inspiradores: el vasco José María de Ybarra y el catalán Narciso Bonaplata, quienes, de acuerdo con ganaderos y agricultores, ponen en manos del Ayuntamiento de la ciudad el proyecto de la feria más famosa de España. Y nunca mejor dicho, de España y diseñada por gentes de las tierras de España… Treinta años después de crearse, llegaría a sus puertas la propia reina de España acompañada por el alcalde Ybarra.
Hoy también es el día de san Piran de Cornualles, al que celebran los cómicos del mundo, y el día del Misionero en Tahití.
Hoy es un día muy especial para la
Por un Real Decreto, de 5 de marzo de 1926, nacieron en España las denominadas Confederaciones Sindicales Hidrográficas (CSH), aprobándose por otro Real Decreto –de igual fecha– la constitución de
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No obstante, dificultades económicas le impidieron hacer efectiva su promesa, allá por 1468, y transfirió a su hijo y sucesor,
Hoy hace 146 años, en 1864, de la publicación de
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El 22 de febrero pasado fallecía en Huesca el obispo Juan Ángel Belda Dardiñá, con 83 años de edad y una importante carrera a sus espaldas que le ha llevado a ser profesor de Derecho en Deusto, en el ICADE, obispo de Jaca entre 1978 y 1983, administrador apostólico de Tarazona, y obispo de León, hasta el año 1987, en cuya catedral ha sido enterrado. Lo conocí durante su episcopado jacetano y él fue la persona que me invitó a trabajar en la historia de la diócesis de Jaca y en la organización de su Archivo Diocesano. Hoy, treinta años después, no tengo más que gratitud para este obispo que entendió maravillosamente que era necesario acometer la apertura de los archivos eclesiásticos de Jaca. Y además lo entendió en aquellos años, que no son los de ahora y no estaban tan propicios a estas medidas. El obispo Belda, al que conocí cuando visitó una mañana el Instituto de Jaca en el que yo trabajaba, supo ganarse el afecto y el cariño de todos nosotros.

