Zaragoza y la Corona de Aragón

30 de enero de 2010 Publicado por Domingo Buesa Conde

Domingo J. Buesa Conde | Publicado en Heraldo de Aragón el día 29 de enero de 2010, festividad de san Valero

A lo largo de los últimos meses hemos vivido un incremento del sentimiento aragonés, coincidente con el descubrimiento de los restos de Pedro III, en el Panteón de Santes Creus, y provocado por el rechazo a las palabras del Consejero de Cultura de la Generalitat catalana, que destrozó en su comparecencia todo lo que han dicho los manuales más importantes de Historia medieval. De aquel suceso se han ido derivando muchas protestas, e incluso propuestas para denominar “Corona de Aragón” al nuevo estadio de fútbol que se construirá en Zaragoza.

También se han incendiado los rescoldos del complicado litigio de los Bienes que la diócesis de Lérida ocultó en un Seminario y acabó encerrando en un Museo diocesano, con el único fin de contribuir a dotar de discurso visual la reivindicación del catalanismo. Desde la creación de la diócesis de Barbastro-Monzón, en 1995, se produce una continuada reclamación de un centenar de piezas, joyas artísticas de constatada titularidad aragonesa, en un proceso que ha provocado incluso la desobediencia de los eclesiásticos catalanes ante el Vaticano, empecinados en no devolver ni una sola pieza.

Y, recientemente, saltó a los medios de comunicación un tercer litigio entre los aragoneses y la ciudad de Barcelona; cuando su alcalde se lanzó a promover las Olimpiadas de Invierno del año 2022, contra la aspiración aragonesa centrada en el eje Jaca-Huesca-Zaragoza; las tres ciudades que fueron sucesivamente capitales del Reino de Aragón. Los ciudadanos mediterráneos se alegraban de que al final hubiera un “proyecto Catalunya”, mientras desde el interior los internautas anunciaban que opinarán “lo contrario a lo que diga Laporta”, seguros de su catalanismo excluyente. Una vez más, volvía a resurgir el intento catalán de asumir la nevada marca “Pirineos”, cuya historia es más aragonesa según el francés Lucien Briet, y que utilizan en cuanto se puede, hasta para dar nombre a alguna estación del AVE con el mismo o incluso menos derecho que Zaragoza.

Estas tres cuestiones nos ponen en alerta de cómo se está consolidando un catalanismo, construido sobre la dimensión del hecho cultural, la creación civilizadora, el prestigio de la Cultura. Y en los tres casos, como ocurre desde hace años, estamos discutiendo sobre ideas y defendiendo bienes, materiales e inmateriales, que se han convertido en pilares de su identidad como pueblo.

Por eso, cuando nos asombra su facilidad en construir un criterio que los cohesione y refuerce, lo primero que debemos entender es que vivieron un proceso que no tuvimos en Aragón, quizás por ser victimas de una nobleza que no quiso apostar por el futuro y que se encerró en las palabras del conde de Sástago: “lo que hace falta en Aragón es gente que labre los campos, gente que sirva a los ricos. Gente que sepa… ¿para qué?”. Cuando este poderoso noble, en 1581, decía que el estudio sólo aumentaba el número de vagos, estaba trazando un equivocado camino que nos llevaría a los aragoneses al fracaso, por no entender que el “ser” ciudadano es sólo una categoría alcanzable en la participación, en el interés por lo colectivo, desde la cultura… Por el nefasto individualismo de la nobleza perdimos el tren de la modernidad y sólo pudimos retomarlo gracias a una burguesía industrial que- en el tránsito del 1900- entendió desde Zaragoza que ese paso había que darlo, pero tres siglos después.

Pero, en ese momento, la sociedad catalana ya vivía un segundo momento de autoafirmación protagonizado por destacados intelectuales de la Iglesia. Como el obispo Messeguer que, en 1893, fundó el Museo Católico de Lérida con obras arrebatadas de los viejos territorios aragoneses –espacio de potente cultura románica y gótica- alegando que eran necesarias para que sus seminaristas aprendieran la importancia de la iglesia catalana en la creación de la cultura medieval. Nada más y nada menos.

Pero, no era una acción aislada. Respondía al pensamiento del obispo Morgades -obispo de Vic, administrador de Solsona y obispo de Barcelona-, que pertenecía a un grupo de intelectuales de la Renaixença, empeñados en la búsqueda de sus raíces, en recuperar el patrimonio artístico catalán y en difundir esa identidad desde espacios como la Exposición Universal de 1888, o por la fundación de museos como el de Vic (1889) y el de Solsona en 1896. No es difícil adivinar que, con estos antecedentes, van a defender estas piezas con uñas y dientes, aunque el derecho nos asista, máxime cuando recientemente han pasado de primar el enfoque cultural sobre el político a todo lo contrario.

Pero, no es menos llamativo el continuado proceso de intentar configurar la sociedad de acuerdo con ese sentimiento historicista que, en el romanticismo, intentó dar cuerpo a una nacionalidad catalana. Me refiero al momento en que nace ese mito de la historiografía contemporánea que –junto con el del “carácter originario” de Castilla que tanto gustaba a Menéndez Pidal- denominaron “Corona catalano-aragonesa” y que, como escribió el recordado profesor Ubieto, era constatación de un cierto complejo de inferioridad proporcionado por “el hecho de no haber existido nunca el reino de Cataluña y si el condado de Barcelona”. Y eso duele mucho, incluso mañana.

Cuando alguien habla de la Corona catalano-aragonesa, además de no usar el término correcto está generando un agravio con la historia compartida por tres grandes territorios: Aragón, Cataluña y Valencia, unidos solamente por la persona del monarca pero empeñados en pervivir juntos hasta el punto que Jaime II, en 1319, dispusiera que nunca se pudieran separar -autorizando a sus súbditos a alzarse contra el rey que faltara a este mandato-, o hasta demostrarse en el Compromiso de Caspe, tal como ha escrito José Luis Corral, que se aceptó lo acordado para mantener la unidad bajo un mismo monarca.

Está equivocado el Conseller catalán y demuestra desconocer lo más básico al hablar de la Corona catalano-aragonesa. No hace falta recordarle que hay documentos escritos “el año cuando el conde de Barcelona tomó mujer a la reina de Aragón” (1151), ni que el rey Fernando II de León firma un tratado de paz (1162) con “Alfonso, por la gracia de Dios, rey de Aragón y conde de Barcelona”. Y es que ese rey también era conde de Barcelona, como heredero de ese Ramón Berenguer IV que fue obsequiado con el título de Príncipe de Aragón para poder casar con la reina Petronila, hija de Ramiro II el Monje, en 1137.

Se nota que tampoco ha leído a algunos autores catalanes como Martí de Riquer que explican que la leyenda de las barras catalanas se inventó después del siglo XVII. Y que desconoce que el origen de su error está en un tendencioso librito del archivero Antonio Bofarull, titulado “La Confederación catalano-aragonesa”, premiado por el Ateneo catalán en 1869. Incluso habrá que explicarle que poco antes, Próspero Bofarull había editado el “Libre del Repartiment del regne de Valencia” ocultando todas las referencias a los aragoneses que habían ido a la conquista de Valencia, razón por la cual mintió al asegurar que esa empresa era catalana ignorando la importante aportación jacetana.

Desde 1856, el año de la puerilidad del archivero empeñado en sentar las bases del mapa de los països catalans, ha pasado más de siglo y medio pero seguimos tolerando con tibieza este intento de manipular la historia, sin empeñarnos en defender la verdad. Debemos aprender de los vecinos y es absolutamente necesario que nos planteemos el problema y que definamos un buen espacio para hacerlo. Quizás la ciudad de Zaragoza, en cuya catedral se coronaba al rey. No en vano decía Pedro IV que “los reyes de Aragón están obligados a recibir la unción en la ciudad de Zaragoza, que es la cabeza del Reino de Aragón, el cual reino es nuestra principal designación y título”.

El único medio de afirmar nuestra identidad es defender lo que conocemos. En consecuencia hay que mejorar la formación de los ciudadanos, potenciar la Sociedad del Conocimiento y lograr que nuestros jóvenes tengan clara la secuencia de nuestro caminar histórico. Hay que conseguir que los aragoneses tengamos un conocimiento de nuestra historia serio, exacto, sin leyendas, sobre el que se asiente el convencimiento de que todos formamos parte de un proyecto común, que a todos nos interesa y del que todos nos beneficiamos. Un conocimiento que podrá tener sus mejores referentes desde Zaragoza, en un escenario urbano con nuestras mejores señas de identidad. El fomento de una cultura propia como valor y como garantía de seguridad, será el motor de la satisfacción y el camino a la innovación permanente.

Por eso, en estos tiempos claves para la construcción de un nuevo mundo que viene a sustituir esa sociedad que se nos ha derrumbado entre las manos, que ha sucumbido en una crisis de pánico ante la pobreza personal y familiar, es necesario que recuperemos el compromiso con nuestro pasado, su defensa y el mantenimiento de los valores que hicieron posibles los mejores momentos de nuestra historia. Sin duda, es bueno que un sentimiento de protesta sacuda a los ciudadanos cuando se intenta manipular su historia. Es bueno que nos sintamos obligados a defender las cosas que son nuestras porque las sentimos nuestras.

El sentimiento de Zaragoza como capital de Aragón, como lo que siempre ha sido desde el siglo XII, debe ser uno de los ejes de vertebración del futuro y un compromiso de generosidad con todos los aragoneses. La cita es ineludible y los deberes los tenemos que acabar antes del año 2018, momento en el que celebraremos el IX Centenario de la conversión de Zaragoza en capital del Reino de Aragón.

9 respuestas en “Zaragoza y la Corona de Aragón”

  1. María Guerrero

    Grande Domingo.
    Qué razón llevas en todo lo que dices. Mejorar la formación de los ciudadanos es pieza clave para poder afirmar nuestra identidad. Desde luego. Gracias por esta joya de artículo.

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  2. Es que si no se conoce la historia propia no se puede amar ni defender Creo que ha sido un disparte el separar la Historia por comunidades por que asi la manuipulan lo que anteds no se podia hacer, de todos modos este articulo es de los de descubrise, de los de enmarcarlos
    Buen articurlo creo quye en la DGA en estos momentos harias un digno papel y ahí se necesitan personas con las cabecica muy bien amueblada y llevando un buen cachirulo y es que donde se pomga san Juan de la peña que se quiten cualquier otro monasterio

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  3. Alex Bal.

    Se hecha de menos de este señor un poquito de autocrítica. No entiendo que defienda tanto la identidad aragonesa y milite en un partido que en su día, con Aznar al frente, nos tacho de insolidarios y nos ha negado muchas veces nuestra singularidad como pueblo, ignorando nuestras reivindicaciones. Este artículo es un brindis al sol, se llena mucho la boca de aragonesismo, para luego no ponerlo en práctica (casi no hemos oido a los diputados del PP aragonés defender estas ideas en el Congreso de los Diputados o en el Senado). Se quiere desde la clase política enfrentar continuamente a los ciudadanos hasta que estos pierdan el norte. Desde luego que en Cataluña se ha manipulado en muchas ocasiones la historia medieval, y hay que denunciarlo con racionalidad (esto es, cargándose de argumentos y estableciendo debates serios, y no soltando panfletos que cualquiera puede poner en duda viendo la ideología de este señor) pero no nos olvidemos de que si la Corona de Aragón llegó a ser una potencia tan extraordinaria en la Edad Media fue tambien gracias al empuje de los catalanes y demás pueblos de la Corona en el Mediterráneo. Estoy de acuerdo en que los aragoneses debemos conocer nuestra historia para saber defedenderla como es necesario, es decir, con argumentos y no con simples discursitos contra los malvados catalanes (por cierto, no todos los catalanes piensan como el “señor” Tresserras, ni como ERC).

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  4. Siempre metiendo la politica por medio Esto no es un acto politico ni es el amrco adecuado y que contes que soy la mas critica con los acrto politicos del PP en materia de exigir lo que se deber pero estamos en este momento en un punto como JAMAS ha tenido ARAGON un presidente del PSOE en MADRID, un presidente del PSOE en la DGA y siembargo seguimos con ese complejo de decir a todo AMEN Asi que ya sabes
    VIVA HIPOLITO GOMEZ DE LAS ROCES

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  5. jg

    El término «Corona Aragonum et Catalonie» aparece en el Privilegio de anexión de Mallorca a la Corona del 16 de septiembre de 1286. La traducción es: “Corona de Aragón y Cataluña” en castellano, o “Corona d´Aragó i Catalunya” en catalán. Esta seria la forma más correcta de llamar a la entidad que fue unida entre el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona en el matrimonio de 1150. No obstante, hablar en terminos de adjetivo gentilicio, no es lo más correcto, pero existiendo las dos entidades. Aragón y Catalunya (La primera definición de catalanes la encontramos en el año 1117 en el poema pisano Liber Maiochilinus de gestis pisanorum illustribus, en el que realizan los pisanos con los catalanes, el intento de abordar la conquista de Mallorca, con Ramón Berenguer III al mando de tropas catalanas). Se puede definir tambien como “Corona catalano-aragonesa”. Como muestras: “The rise of Aragon-Catalonia”, año 1999 de Cambridge Histories Online y tambien “The rise of the aragones-catalan empire” de J.Lee Shneidman año 1970. El termino “Corona de Aragón” es solo una simplificación, parcial e incorrecta, de las dos entidades que la constituyerón originalmente.

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  6. Francha Menayo

    Hasta donde mi cultura llega Ramon Berenguer III, nunca estuvo entroncado con Aragon, ya que quien casó y entroncó renunciando a su dinastia fue Ramon Berenguer IV, ya que su hijo cambió el nombre por Alfonso II el justo. Hasta ahí llegan mis conocimientos los anteriores son la leyenda de la que se nutre la historia manipulada de Barcelona, por que la palabra catalana es muy posterior..
    Y por lo que veo por las alerta que tengo te repites en todos los foros soltando lo mismo, no te contesto por que solo entro en los foros de mia grado,no puedo contestar en todos

    Salud y un poco de historia no te vendria mal

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  7. Alfonso Rojas (teruel)

    Mi opinión es que se manipula, no la historia como se dice, pero si la terminología, por intereses políticos y patrióticos. Decir que se manipula la historia es falso, ni una ni otra parte lo hacen. Se cambia la denominación para destacar o "nostrar" que dicen los catalanes las instituciones comunes como algo más propio.
    Pero ni ellos ni nosotros negamos que hubo dos paises unidos por una corona y no existía capital política como tal, aunque no se puede negar que fue más bien Barcelona quien ejercía de tal porque ahí residía la corte. Decir lo contrario es absurdo, los notables de los distintos reinos participaban activamente en la política de la Corona sin importar cuál fuera su origen.
    Cualquier rencilla actual es completamente absurda y ridícula.

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  8. Very informative blog. Thanks for taking the time to share your view with us.

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  1. divano letto

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